1993 Dave - Dave presidente por un dia (ing) 01

“Dave, presidente por un día”

por David P. Sandoval

Kevin Kline es un tipo normal que tiene una empresa tipo ETT, donde intenta colocar a la gente que necesita trabajo allá en su pueblo, aunque sea pidiendo favores a un agobiado empresario que no puede contratar a nadie más. Dave Kovic, se llama el personaje que interpreta. Para anunciarse, decide usar su parecido con el presidente de los EE.UU. del momento, un tipo llamado Bill Mitchell. Resulta atractivo y el Servicio Secreto se lo lleva para ocupar el puesto de Mitchell mientras este se cepilla a sus amantes. Con tan mala suerte que tiene un ataque a lo Roosevelt justo cuando está terminando de follársela. Entonces, con maldad supina, Langella, uno de los asesores, decide mantener a Dave como presi haciéndole firmar todo lo que pasa por sus manos sin leerlo. Un poco “Prisionero de Zenda”. Y se monta entonces el embrollo.

 

Tras visitar un orfanato, Dave muestra un lado humano que no tenía Mitchell, y eso hace que su mujer, Sigourney Weaver, sospeche y además se enamore de él, igual que él de ella. Pero el malvado Langella, Bob Alexander en la historia, firma un decreto de esos que elimina las ayudas a los orfanatos. Indignado, Dave le dice que eso no puede ser, y Alexander, irónico, le dice que si logra recortar 650 millones del presupuesto, pues tendrá sus orfanatos. Su capricho, vaya.

 

Dave, enamorado y buena persona, usa de su ilegítima posición para hacer el sueño americano; si el Estado no te da la justicia que falta, obtenla tú mismo. Y así, de manera sencilla, llama a su amigo el empresario para examinar el presupuesto de los EE.UU. ¡Nada menos! y luego, en una reunión de todo el gabinete, empieza a aplicar recortes al presupuesto. Mítica la frase del empresario; “si yo llevara así mi empresa, estaría arruinado y todos mis empleados en la calle”…

 

Es llamativo cómo primero aplica el sentido común. “Oiga, tenemos aquí un contratista militar que cobra puntualmente pero no nos entrega el material, ¿correcto? pues nada, si no tenemos el producto, ¿por qué se le paga? hala, se le recorta hasta que lo de y se le penaliza por tardar”. Y así con más cosas, que empiezan a ser curiosas. Parece que el quid de la cuestión es que… un presupuesto se puede recortar y salvar orfanatos con él. O no. Todo depende de la voluntad… política.

 

Porque ese es el mensaje. Vale, es 1993, la URSS acaba de irse al garete, hay optimismo mezclado con cierto pesimismo del grunge, Irak ha recibido una somanta palos y queda claro que los EE.UU. mandan. Pero… la política, en manos de buena gente, aun puede hacer cosas. Ben Kingsley, el vicepresidente ninguneado, dice en un momento que “solamente tengo mi integridad”. Integridad. En política hoy día suena a chiste.

 

Aquí tenemos muchos que podrían ser presidentes por un día. Y el resultado, ser desastroso. Quizá haya que llegar al relato de Asimov de “Sufragio Universal”, y que Internet sea nuestra Multivac. O leerse la tesis del “molt honorable president” de Valencia. No sé. Pero está claro que elegimos muchas veces mal. O bien para algunos intereses, que no son, curiosamente, los del pueblo que dicen representar.

 

 

En Valencia, precisamente, hoy corren estudiantes y policías. Y supongo que el bueno de Dave Kovic, inmigrante como su nombre indica, lo que diría es que eso es malo, pero que los manifestantes, en un gesto muy americano, deben tener el derecho de manifestarse y luchar por aquello que creen. Que debe haber crítica. Aunque no nos hagan caso. Y supongo que él, si no calificara de “socialista” a Europa entera, quizá se enterneciera viendo a esos alumnos sin calefacción porque el dinero para ello está en un aeropuerto sin aviones, en comisiones de contratas como la que cortó por lo sano, en sobornos varios de aleccionamientos sobre accidentes y… tantas cosas.

 

Tanto dinero y tan mal usado. Cht cht cht. Quizá sea hora de repensar nuestro Estado. Y no hablo del de feisbuk.

 

 

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