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Bradbury

Muere Bradbury, el escritor con nombre de asteroide

Ideó un mundo sin libros. Lo plasmó en Farenheith 451 (la temperatura a la que arde el papel), una obra decisiva que convulsionó el mundo. El de quienes leían y el de quienes no. Ha muerto en Los Ángeles a los 91 años. Se llamaba Ray Bradbury y de su mente surgieron algunas de las historias más inquietantes que ha generado la literatura del siglo XX. Era un adelantado. El mundo de la ciencia ficción se ha quedado mucho más solo. Lo insondable del universo, ese espacio en el que se ubican muchas de sus historias, infinitamente más desolado y silencioso.

A la hora del adiós comienzan a estructurarse la leyendas. Y, de primeras dadas, la de Bradbury apunta que se ganó en principio la vida como repartidor de periódicos y jovencísimo camarero. Como parte de uno más de sus relatos, él ni afirmó ni desmintió. Lo dejó en el aire.

Lo que sabemos con certeza es que fue escritor y novelista, visionario y arquitecto, guionista, ensayista y poeta; uno de los padres de la literatura fantástica contemporánea. Había nacido en Illinois en 1920 y, como él mismo contaba, comenzó a idear “historias imposibles” cuando apenas tenía 12 años, “con el ánimo de asustar a quienes querían oírme”.

En el principio…

Con algo más de 20 años vería por primera vez su nombre impreso al pie de un relato, Péndulo, que publicaría la revista Super Science Stories. A partir de ahí todo sería bastante más fácil porque, entre otras cosas, le haría ver que su futuro, sobre el que tanto escribiría más tarde, no estaba en el cine, “un medio por el que siempre he sentido pasión”, –repetiría a lo largo de su vida– sino en lo de escribir y provocar en el lector una especie de inquietante vértigo.

De formación autodidacta, se declaró siempre un lector compulsivo, “cuando no leo casi todo pierde sentido. Por eso me acerqué a Shakespeare y a Julio Verne. Por eso descubrí a Edgar Allan Poe que, entre líneas, me dijo que escribiera, y Edgar Rice Burroughs y H.G. Wells… Los grandes nombres fueron mi influencia y con ellos nunca necesité más consejo”, dejó escrito.

Conquista de Marte

La publicación de Crónicas marcianas, una historia de la conquista de Marte y, tres años después, de Fahrenheit 451, la narración del ocaso de la cultura del libro en una futura sociedad totalitaria, le ganaron fama internacional. El cineasta francés François Truffaut se encargó de adaptar la novela a la pantalla en una cinta que ha dejado huella en la historia del cine.

Como arquitecto y diseñador fue autor del diseño de la primera gran galería comercial en Estados Unidos y del pabellón americano enla Feria Mundialde Nueva York de 1964. En una faceta mucho menos conocida diseñó atracciones para los primeros parques temáticos de Disney.

De cine

Trabajó también como guionista en numerosas películas y series de televisión, entre las que destaca su colaboración con John Huston en la adaptación de la mítica Moby Dick.

Se consideraba a sí mismo “un narrador de cuentos con propósitos morales”. Sus obras a menudo producen en el lector una angustia metafísica, desconcertante, que refleja la convicción de Bradbury de que el destino de la humanidad es “recorrer espacios infinitos y padecer sufrimientos agobiadores para concluir vencido, contemplando el fin de la eternidad. Esa visión del hombre ante la nada ha provocado gran parte de mi literatura”.

Un asteroide

Un clima poético y un cierto romanticismo son otros rasgos persistentes en la obra de Bradbury, si bien sus temas están inspirados en la vida diaria de las personas.

Ahora ha muerto. Probablemente su espíritu ronde ya por las galaxias en las que tantas veces anidó su literatura. Tenía 91 años. Existe un asteroide, el 9766, que lleva su nombre.

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