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La doble vida del escritor

Delinquir y trabajar: dos libros desentrañan la cara B del literato

http://www.adn.es/cultura/20111017/NWS-1399-escritor-delincuente-ovejero.html

William Burroughs jugaba a hacer de Guillermo Tell.Y su objetivo era un vaso en equilibrio sobre la cabeza de su esposa, Joan Vollmer. Un día le falló la puntería. ¿O fue adrede?

El caso es que esa muerte marcó al icono beat hasta el punto que declaró: “Nunca me habría convertido en escritor sin la muerte de Joan”.Éste y otros casos similares de literatos y maleantes a partes iguales se compendian en Escritores delincuentes (Alfaguara), de José Ovejero.

En la lista de los que le daban a la pistola tanto como a la máquina de escribir hay varios beats: Allan Ginsberg, Jack Kerouac y Neal Cassady. Éste, que vivió con el botón del fast forward apretado, antes de los 20 años ya había sido condenado seis veces.

Farsantes

La literatura no era un lujo intelectual para estos sospechosos habituales, sino un vehículo para liberarse de sus vivencias. El francés Jean Genet es buena muestra de ello. Él, que tanto escribió desde la cárcel; a la que Krystian Bala fue de cabeza por su arrogancia: mató al amante de su mujer y noveló su delito (la obra se llamó Amok).

Otros han exagerado sus flirteos con lo ilegal, porque las vidas arriesgadas venden. Frédéric Beigbeder pasó 48 horas en el cuartelillo y fue pregonando lo mucho que le había influenciado su estancia en la prisión para escribir su nueva obra. James Frey y Jean Ray también mintieron.

El autor que vive de lo que escribe (básicamente, en los periódicos) es, además de escaso, un invento moderno. Otro libro reciente, Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores, de la italiana Daria Galateria, cuenta qué hicieron autores como Gorki, Malraux, Bukowski o George Orwell para ganarse la vida. Hay casos conocidos, como el de Saint Exupéry (“mi verdadero oficio es pilotar aviones”) o el de autores consumidos por sus trabajos, como Kafka.

La más resolutiva

Pocos tan resolutivos como la francesa Colette, que llegó a tener un imperio cosmético e inventó el concepto de merchandising asociado a su personaje, la colegiala Claudine.Y de los trabajos más míseros, la mayor parte sacaron réditos literarios. Si Stephen King no hubiera trabajado de limpiador en un hospital, difícilmente habría escrito la escena que abre Carrie.

Sin blanca en París, ni Londres, ni…

George Orwell, educado en Eton, siguió la arraigada tradición de las clases altas británicas de hacer turismo en los bajos fondos. Siguiendo el modelo de Jack London, Orwell trabajó como friegaplatos en París hasta que se convirtió en vagabundo, de donde sacó material para escribir Sin blanca en París y Londres.

Boris Vian estaba titulado en Ingeniería pero prefirió no ejercer. Para poder dedicarse al jazz, aceptó empleos absurdos como uno  de “normalizador del vidrio”, probando botellas. Como Charles Bukowski, que escribió sobre sus penurias “en los mataderos, en los muelles, en los puertos”.

ENTREVISTA. José Ovejero: “Estos autores usan a los lectores como sala del tribunal”

¿Cuál era su objetivo?

Quería escribir unos artículos, pero al final hice un libro porque me engancharon las vidas de estos individuos y las conexiones con sus obras.

¿Hay algo que aúne a estos sospechosos y literatos?

La mayoría habla de su delito en sus obras, tiene urgencia por explicar su visión. Estos autores usan a los lectores como sala del tribunal, como si se revisase su caso y pudiese dar su versión de los hechos.

¿La mayoría hacía el mal para tener inspiración literaria o, al contrario, escribían para redimirse?

Más bien lo segundo. Algunos, sobre todo los que escriben desde la cárcel, usan su escritura también para evadirse, entenderse y denunciar lo que pasaba allí dentro.

¿Cuál fue el que tuvo una vida más extrema?

Anne Perry, escritora de policíaco, de adolescente mató a la madre de una amiga a ladrillazos. Y Jack Abbott, violento por naturaleza que sólo estuvo nueve meses fuera de la cárcel.

¿Ha conocido a alguno?

Fui a París para encontrarme con Abdel Hafed Benotman -ex atracador de joyerías- y me cayó tan bien que decidí no conocer a otro, para no perder la distancia ni humanizarles.

 

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