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RETRATO DE UNA GWEI MUI

 

 

Eso es lo que soy, una Gwei Mui perdida en el caos de Hong Kong, la bahía de los aromas .

 

Todavía recuerdo cuando puse el primer pie fuera del aeropuerto hace casi un año y este calor húmedo golpeó mis fosas nasales. Respiré agua y a mis poros les entró prisa. Mis primeras impresiones fueron todas olorosas. Olores a los que ya me he acostumbrado pero que al pasar por ciertos rincones a veces consiguen devolverme a los inicios. El sentido del olfato es tan prodigioso!: los recuerdos y las sensaciones te los devuelve de manera más intensa.

 

Y una vez aquí, donde quiera que miro, lo que escucho, lo que toco, siento que aprendo de todo. Los andamios de bambú, las tríadas, la obsesión por tener una piel blanca, las ofrendas en la calle, los taxis rojos, la enajenación consumidora, la pasión por la moda, las ollas humeantes en la puerta, cualquier cosa “in soup”, los edificios estrechos y altos como espigas, el cambiar de nombre, las copias de todo, aglomeramiento de transeúntes. No sé dónde voy a meter tantas cosas. Cuando vuelva tendré 50 kilos más de maletas, pero el verdadero sobrepeso lo llevo en mi cabeza. Menos mal que por eso no cobran.

 

Creo que hasta entiendo a mis amigos cuando conversan en cantonés, a pesar de que no tenga nada que ver con el mandarín que sé. Pero con un contexto y unos gestos (universales?) sigo diálogos inventando las palabras en mi cabeza. Eso me pasa ahora que creo conocerles, y digo creo, porque es difícil saberlo. Es lo mejor que me llevaré sin duda, ellos, tan extraños y tan cercanos, tan parecidos y tan distintos. Tan chinos.

 

Y eso es lo que soy, una Gwei Mui , un fantasma blanco, Gwei , en versión femenina, Mui . Una chica que huele diferente de las chinas, me dice... Me gusta serlo, pero con la conciencia de que ya no soy una mera visitante.

 

 

 

MaLiYa (Hong Kong, septiembre 2005)