MI NOCHE EN UN CASINO
Fin de semana de Casino. Que manera tan fácil de ganar dinero. Pero como todo en la vida, la mesura es importante y aquí también hay que saber retirarse a tiempo, cosa difícil cuando uno se encuentra en la cresta de la ola. Y aunque existe esa sensación de que en cualquier momento estarás abajo, la euforia es tan grande que tu voluntad desaparece y te obliga a seguir y seguir.
Cogimos el ferry la ceci, pechuga, ganmao, placidayeye y yo dirección Macao, antigua colonia portuguesa desde 1557 hasta 1999. Una hora la separa de Hong Kong. El mar estaba revuelto esa tarde y muchos en el barco empezaron a no sentirse bien. Fatiguita de la mala. La ciudad todavía guarda ese estilo ibérico con sus calles empedradas, sus flores en las ventanas y sus edificios coloniales. Paseamos un poco por el centro histórico y luego nos fuimos a cenar al "Fernando's", restaurante portugués en la isla de Coloane que te hace olvidar que estás en China. Pero sin duda, el atractivo de Macao son los casinos. En pocos años se ha convertido en el Las Vegas asiático.
La experiencia casino en Macao ha sido mi segunda vez. Mi primer contacto con el juego lo tuve en Las Vegas con arehucas hace unas semanas. Impresiona si nunca has pisado un casino de verdad. Los dos estábamos bastante verdes en esto de las apuestas, así que nos decidimos por las tragaperras, donde no tuvimos mucha suerte. Pero es que las mesas todavía nos asustaban un poco.
"Nada nada!!, estamos en Las Vegas, en el Flamingo, y aquí tenemos que sentarnos en una mesa a jugar". Nos decidimos por el Blackjack, que es lo único que los dos conocíamos. No queríamos ser los pardillos que pararan el juego por no saber las reglas. Después de un poco de investigación dimos con nuestra mesa. Elegir tu mesa es bastante importante y siempre hay que observarla durante un tiempo antes de meterte de lleno. Cambiamos solamente 20 dólares en fichas y empezamos a jugar. Los dealers nos trajeron suerte, excepto la última. En poco tiempo teníamos acumulados más de 400 dólares encima de la mesa, que al final se quedaron en 200. Paramos a tiempo. Sin darnos cuenta ya eran las 4:30 de la mañana, ¡¡¿QUÉ?!! ¿YA?!!, más de 4 horas jugando... claro, apostando sin parar y con copas gratis, que más quiere uno para perder la consciencia?... Qué nervios y cuantas risas cuando ganábamos varias manos seguidas y los que estaban sentados a nuestro lado perdían cantidades realmente insanas. Nosotros, los novatos sin un duro saltando la banca... es un decir... Me sentí un poco como Ginger en la peli de Scorsese.
Sin embargo, en Macao se juega un poco diferente. Aquí, por ejemplo, tienes la opción de rendirte (perdiendo solo la mitad de tu apuesta) si lo ves un poco negro. Pero rendirse es de cobardes, no es arriesgado y cuando estás sentado en una mesa tienes que confiar en ti y en la suerte. Te rindes dibujando una línea imaginaria en la mesa con tu dedo.. En este juego no hacen falta las palabras.
En Macao, plácidayeye fue la única que no se decidió a apostar. Y todos ganamos dinero menos ganmao. En cuanto le dejé solo, empezó a perder todo lo que había acumulado gracias a mis sabios consejos. Menos mal que regresé antes de que perdiera incluso el dinero que había apostado. Logramos separarle de la mesa y nos fuimos a beber para celebrar nuestras ganancias. Había un grupo amenizando la noche. Nosotros éramos los únicos que bailábamos de todo el casino. Uno de los guitarristas vino a hablar con nosotros. Era colombiano, de Cartagena. Él y su mujer Liney se sentaron con nosotros un buen rato y nos estuvieron contando cosas de su país, Medellín, Cartagena, las costeñas, la preciosidad de sus playas... yo escuchaba con atención, pero en realidad nada podía sorprenderme, todo me era malditamente familiar...
Bebí un gran trago de mi ron cola hasta acabar la copa, me encendí el enésimo fiti de la noche y pensé en el dinero que había ganado. Era la parte buena de ser desafortunada en amor, pensé. Luego el deber les devolvió al escenario. Vendrán a visitarnos a Hong Kong.
Nos acabamos las copas y decidimos coger el ferry de vuelta a casa. Cuando llegamos a HK ya era totalmente de día. Caí en la cama rendida pero feliz de haber pasado una noche tan buena. Y ayer domingo se fue plácida, la “pinchadiscospop” -como ella se autodefine- donostiarra, montada en un taxi rojo con un maletón enorme. Habíamos pasado la tarde en el Seventiuno tomando unas Tsing-Tao. Era su último deseo antes de volver a la realidad. Conocimos a Nelson, el hawaiano con antepasados sino-japoneses. Nunca había conocido a nadie de allí. Nos contó muchas cosas de su isla, de su belleza y de sus problemas. Plácidayeye le tradujo a inglés la canción de Vainica Doble "Ay quién fuera a Hawaii"...
"A nivel de ilusión, a nivel de utopía de amor,
fantasía inalcanzable, no concibo mayor emoción que vivir tú y yo en Hawaii..."
y me enseñó a decir te quiero en su idioma: "ALOHA AU IÁ'OE" (alojauau iáoe).
MaLiYa ( Hong Kong , agosto 2005)
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