// RELATOS >> LA FUENTE DE AIRONI
 

Un círculo redunda en la pared...

carlos g. torrico

Un círculo redunda en la pared. Y mientras tanto, mientras el trazo da infinitas vueltas sobre sí mismo, un mundo entero gira con nosotros dentro sin pensar en parar en ningún momento.

Mientras tanto, en una estación de tren de la India, una niña descansa tirada en el suelo. A su lado, tendido, un viejo perro que custodia su sueño en medio de torrentes de personas en supervivencia. La pobre niña pasará poco tiempo entre nosotros, su futuro es incierto. Es como una diminuta flor surgiendo entre la miseria. La cara tiznada, los pies descalzos, la ropita harapienta y sucia. Tiene el cuerpo dolorido por la dureza del suelo y eso la ha despertado. Quizá también la ha despertado el hambre, su madre anda por el pueblo en busca de algo para sobrevivir. Algo para sobrevivir en este día.

 

Esa pequeña, allí tirada a miles de kilómetros de nosotros, es el karma del mundo, es el mundo.

 

Justo ahora que despierta, una anciana aquejada de lepra cruza ante ella. Está consumida, con los miembros desollados y en carne viva, llenos de pupas y heridas. Su paso es agónico, arrastrándose casi aferrada obstinadamente a un palo que la mantiene en equilibrio. La pequeña se ha incorporado, se ha apartado parte de su negro pelo de la cara y ha bostezado. Esta mujer gira su cabeza de una manera azarosa hacia la niña, que conecta con ella a través de dos inmensas ventanas verdes que son sus ojos.

Con los arrugados ojos bien abiertos comienza a abrir su boca también. Con asombro, un suspiro, un bostezo sale de ella. Pero no acaba ahí. Todos aquellos que comparten espacio con la niña han clavado sus ojos en ella al mismo tiempo, bostezando todos a la vez. Todos ellos han suspirado, todos ellos han exhalado, y han quedado completamente inmóviles a su alrededor. El pequeño círculo que forman se ha quedado sin tiempo, fuera de él.

En tan sólo un instante, cientos de personas dentro de esa estación convulsa como un tumor han exhalado un suspiro, aunque no ha acabado ahí la cadena de acontecimientos.

La niña, no sabe bien lo que pasa, pero se ha dado cuenta de que es la única que se puede mover. Llena de una energía desbordante se ha levantado del suelo y ha salido pizpireta a la calle para ver cómo el mercado va deteniéndose a su paso. Todos la miran saltar alegre y como una ola recorriendo la orilla de una playa, el suspiro avanza a su paso, deteniendo el caos y el incesante movimiento vacío del mercado. Pero ya no es sólo el movimiento de ese lugar el que se está deteniendo, la ciudad entera comienza a paralizarse quedando todas las personas quietas y con sus bocas abiertas, como si sus almas se hubieran escapado durante un instante para salir a jugar por ahí.

 

Ahora mismo, en la India entera, todas las personas han sido paralizadas en su camino. Todos han mirado atónitos a su alrededor bostezando levemente y parando en seco. En sólo unos minutos, Asia entera, Oriente y Occidente. El mundo entero se está deteniendo poco a poco. Los niños en los parques de Europa y en los arrozales de China.

Los relojes empiezan a frenarse, también las aguas en los cauces, mares, ríos y ramas dejan de mecerse con el aire. En un momento, todas las bocas del mundo han buscado sus almas perdidas. La tierra ha dejado de girar, el mundo está parado.

Solo una niña en la India sigue observando asombrada lo que pasa. Todos la miran, todos inmóviles.

Es en este preciso momento cuando entre todas esas personas inmóviles, la niña encuentra a su madre, quieta como una estatua. Paralizada mientras regateaba por unas verduras pasadas. Al ver a su madre, la niña se ha detenido, paralizándose su cara del puro miedo al verla quieta también a ella. Y de repente, rompe a llorar.

Tirada en el suelo de rodillas, el llanto de la niña despierta a su madre. A su madre y al vendedor que regateaba con ella, y a los de su alrededor. Todos vuelven en sí con un fuerte bostezo, cogiendo aire con fuerza.

 

Así, poco a poco, todos y cada un o de los habitantes de la ciudad despiertan, así como los del resto del mundo, hemos vuelto todos al movimiento que nos rodea que también se ha reanudado. El mundo ha vuelto a girar de nuevo.

Madre e hija se abrazan. Un perro que sirvió de refugio se acerca curioso hacia ellas mientras el pulso de la multitud comienza a recuperarse.

 

Nadie se ha percatado de nada, todos hemos continuado el camino que llevábamos sin recordar ese fugaz instante, sin tener conciencia de lo ocurrido.

Unos han bostezado en África, otros en Europa, a unos yendo a clase, en los hospitales, por las calles, en las oficinas... Y ha sido ahora mismo. Y te ha pasado a ti, sin que te dieras cuenta. Has bostezado. Es algo que ya ha comenzado, con una niña bostezando tan lejos que ni podrías imaginar. Pero todo esto, que nada ha transformado ahora cambiará algún día el mundo.

Sólo imagínalo.