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Soledad

La soledad no es más que un período de tránsito. Un período en estado refractario en el que nos desarrollamos hasta individuarnos, negociando nuestros “yo quiero” con nuestros “yo soy”.

Forma parte del camino a la sabiduría y es intrínseco al vía de toda persona.

Solo difieren los momentos en cada individuo, unos antes y otros después. Sin embargo, en todos los casos la soledad es un período que se equilibra o se compensa con otro de compañía y de vida social o en común. Para unos, la soledad es alcanzar el equilibrio tras la zozobra. Para otros es la zozobra tras el equilibrio. A unos les dura más a otros menos.

Pero al final de una vida ambas fuerzas están compensadas. Es como si la soledad fuera más densa que la compañía porque en ella no podemos rehuir la convivencia con nosotros mismos. Debemos aguantarnos y soportarnos. Comprendernos y aprender a respetarnos a nosotros mismos. Algunos se refugian en ella para escapar de las personas y se encuentran con la persona más horrible que jamás quisieron encontrarse en sus vidas: ellos mismos.

Otros se refugian en la compañía para escapar de la reflexión acerca de sí mismos, para escapar de la autoconvivencia. Tarde o temprano todo suele volcar equilibrando la ecuación. Y eso es porque el corazón humano vive en esa tendencia, por que la vida es negociar el continuo cambio.

No tarda mucho tiempo en caer todo sobre el que permanece estático. Salud es cambiar y adaptarse por que el mundo cambia constantemente: Ahora queriendo ser acompañado, después acompañado pero buscando soledad e intimidad...

La soledad es un mecanismo de ajuste para esta negociación y lo es por que lo que nos pasa en la vida es exactamente lo que consciente o inconscientemente queremos.

Si estamos solos es por que queremos. A veces quisiéramos tener compañía pero al momento hacemos un balance que resulta a favor de nuestra situación actual.

En el momento en el que la balanza vuelca, nuestra vida no tardará también en hacerlo.

 

 

carlos g. torrico