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Se miró en el espejo y quedó inmovil durante un instante con la barra de labios en la mano... Alargó el brazo y paró el primer taxi que pasó por la calle. Dió las indicaciones y bajó rapidamente la ventanilla. El verano, que ya se notaba en el aire, y la tensión de ir a encontrarle la asfixiaban. Le vió desde fuera, apoyado en la barra con esa apariencia de eterno ausente, la misma que tenía el día que le
conoció. El sonrió y los ojos se le arrugaron; y se le hicieron pequeños de felicidad.
Mientras caminaban por la calle hablaron de cualquier cosa, de cualquier tiempo. Se sentaron fuera, en una mesa pequeña con sillas diminutas rodeados de extraños. A medida que avanzaba la noche, llegaron las miradas sostenidas, las primeras confesiones y aquel beso. Despegó los ojos del espejo y miró el reloj. Corrió hasta la entrada dejando un rastro de perfume afrutado y cerró la puerta de un portazo.
maliya
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