El tigre que se esconde entre las hierbas me habla entre susurros, a pesar de los zarpazos que me dio. El tigre anda débil, decaído moralmente, la bestia también flaquea, después de años, como el viejo conquistador que en su vejez observa toda la sangre que vertió fruto de su ambición y por fin duda de sus destructivas decisiones. El enemigo y su crueldad. Los ataques que propició, como buscó tu hundimiento más profundo, como un guerrero en batalla, sin mirar atrás, sin querer pensar en sus actos, con la intención malsana de clavarte su machete.
Pocos merecen la palabra de enemigo, pero la historia enseña que éste, una vez hecho, lo es hasta el final, tales son los entramados oscuros que fortalecen el odio interior y casi siempre recíproco. Cuando tu rival flaquea y piensas en la posibilidad de tender la mano, recelas, a pesar de la mejor de tus bondades, porque sabes, que volverá al ataque, que cuando todo se normalice volverá la guerra. Así es la naturaleza y la selección de las especies. Nuestra representación vital, una milésima de segundo en la historia de la Tierra, no puede cambiar nada. Algunos hombre si lo han hecho, cambiar la historia, no solo la del hombre, también la de la tierra, existen ya incluso virus inventados por el hombre, gas mostaza, bomba atómica, residuos tóxicos industriales, lluvia ácida, razas exterminadas, holocaustos.
Siempre si se tiene la ocasión es mejor residir en distintas dimensiones vitales, en mundos lejanos, evitando así, la expresión del odio, que a todos salpica y que es como la mala hierba que crece. Es la gangrena, solo queda amputar, nada podrá restablecer lo podrido.
El enemigo es querido en silencio, por que los enemigos aman la lucha y se sienten adversarios válidos, se tienen respeto y se admiran. Y todo es mentira y todo es verdad.
Preponderancia del odio en distinto grado, el odio según.
As sandaza |