Son las ocho de cada mañana,
tu ombligo es un refrán a medio dormir
y tu sexo se deja probar entre mis labios.
Rodeo el zaguán de tus pechos
como el verso que acierta,
después de algunas dudas,
a resumir su rima en unos pezones de sal.
Entro en ti y es tu vida la que me envuelve.
Es sábado o domingo... un día y su azar,
me peinas el aliento con tus labios,
abierta y frugal, abundante acertijo de señales.
Penetro tus muslos como un fugitivo la frontera,
mi semen nada en tu corriente clara
para robarte un gemido abotonado
en la dócil sombra
de esta noche
en algún lugar del mundo.
Trepas por mi cuerpo cabalgando sobre saliva de filo invisible,
soy... eres...
y volvemos a empezar cuando en la radio suenan
las nueve señales horarias de tu pelo sobre mi espalda.
Uviéu
30 de junio de 2007
Xurde P. Lejarza