Si hay un lugar en el que tuviéramos el deber de parar en la vida, ese sería el lugar donde no fuimos capaces de mirar más allá. Un lugar donde solo pudimos percatarnos del momento presente, nada más. Nada más y nada menos porque eso solo pasa muy pocas veces. Es posible que haya muchos a los que no les pasa nunca. Que no paren en ese o esos lugares no es porque no se hayan encontrado con ellos, sino porque no han sido capaces de mirar por la ventanilla o no se daban cuenta de que el viaje no tenía vuelta y pensaron en volver a pasar algún día. Pero eso no es así, no hay retorno en un viaje como este. Solo hay posibilidad de apearse un momento a ver alguna fugaz estación. Porque ya sabemos que los trenes no esperan, que si no nos recogen nos arrastran con ellos. Por eso es tan importante saber reconocer las estaciones que nos corresponden sin dejar pasar demasiadas, no vaya a ser que hagamos el viaje del tirón, nos durmamos y simplemente lleguemos al final sin darnos cuenta, como un viaje nocturno en un intercity. Eso es algo triste, no estamos aquí para llegar, sino para simplemente viajar.
Carlos G. Torrico