// RELATOS >> EL HABITÁCULO DEL 11
Llamando a todas las Estaciones

 

Llamando a todas las estaciones. No encuentro ninguna salida, llevo tiempo perdido en el laberinto oscuro que rodea mi mente. ¿Puede alguien escucharme? El sonido de mi voz se queda dentro de mí, el calor que sustentaba mi cuerpo ya se evaporó al exterior. Siento frío helado en mi alma, paredes invisibles de ruido son lo único que tocan mis manos. Me caigo, he perdido todo sentido de equilibrio. La locura acecha astuta tras el último anillo defensivo de cordura.
Llamando a todas las estaciones. Rojos duendes de la casa, ¿me escucháis ahora? Imbéciles, pensabais que me desnudaría frente a vosotros. Jamás. Mis cuervos protegen sabios mi joya más preciada, bien brillante, grande, hermosa. Asquerosas deidades, no intentéis acercaros a mí. ¡Fuera! Juro que os arrepentiréis, serpientes, obstracios. Venid a mí, cuervos de la justicia, ¡venid a mí!...     “Hola, ¿estás bien? Tranquilo. Ya pasó todo.”

 

Jorge Jiménez