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NO PUDO SER

No pudo ser. El día que falló Gasol, el tiempo se detuvo, formó una parábola infinita dirigida a su destino y tres segundos se convirtieron en un día entero donde las esperanzas de muchos españolitos volaron con la intención de acabar con nuestra tradición y el orden establecido.
El tipo que había acabado con la etiqueta que nos tildaba de bajitos, poco competitivos, escasos de ambición y faltos de sangre fría erró el día decisivo y en la acción definitiva. En realidad fallaron TODOS y la derrota se personalizó en Gasol. Pensábamos que con esta generación de oro el gen “Ñ” había sido erradicado. Este gen que permite la victoria cuando todo está en contra y determina la imposibilidad de vencer cuando todos los factores, elementos y condiciones nos son favorables y dicen que ganaremos.

El deporte ha vuelto a demostrar que el éxito y el fracaso son relativos. El año pasado Argentina erró su tiro y finalmente luchando contra todos los elementos, cual Armada Invencible, España logró finalmente la victoria. Sin embargo, esta vez el balón de manera sabia y justa no quiso entrar y otorgó un valor adicional al triunfo pasado.

Estoy convencido que si la final se hubiera jugado en un país distinto la Copa sería nuestra, los excesivos compromisos publicitarios e institucionales, el seguimiento mediático, la sobreexposición pública, la dulce presión de ganar y la responsabilidad fueron factores que sobrepasaron a este grupo humano.

Hay que valor de manera positiva el otro resultado, no el meramente numérico o estadístico (el segundo puesto), sino el que transmite este equipo, la unidad y solidaridad entre todos sus miembros, el respeto y la admiración mutua. Un grupo de amigos que conforman una familia, que desean por encima de todo jugar juntos en verano. No hay diferencias entre unos y otros, aquí no hay divos como en el deporte mayor del Estado, y todos transmiten lo que realmente son. Gente llana y, sobre todo, buenas personas.

Pocas veces un equipo español había transmitido tal seguridad y confianza  en sus posibilidades, por eso la ilusión sigue intacta y la rabia por la derrota debe desembocar pronto en la consecución  de un nuevo triunfo.

El título de este artículo, debo confesar, estaba pensado muchos días antes de la final. No por pesimismo sino por el excesivo triunfalismo que rodeaba el entorno a la selección los días previos al partido decisivo. Que razón tenia Pepu cuando dijo hace más de un año que a partir de ahora se iba a escuchar mucho la palabra BA-LON-CES-TO. Quizás se haya escuchado demasiado.
La difusión del baloncesto es necesaria y positiva pero muchos se han subido al tren de la Alegríaen este viaje. He sentido como invadían algo propio y tan cercano a mí durante estos años de marginalidad. Ahora nadie se acuerda que el destino de ser campeones ha sido esquivo con nosotros durante muchos años. Aquella época en que perdíamos contra China y Angola de 20 puntos, la travesía por el desierto de los años 90 donde el llegar a cuartos era una utopía pero en sentido distinto que en el fútbol. No hay que mirar tan atrás porque hace diez años hubo otro Eurobasket en España, un fracaso de organización y de asistencia de público, donde alcanzamos la quinta posición. Y a partir de ahí, medallas cada dos años. 1999 plata, 2001 bronce, 2003 plata. Por ello, la medalla de oro en el pasado mundial ciertamente desvirtúa la opinión sobre esta medalla de plata ya que hace exactamente dos años no subimos al podio en el europeo de Serbia con un equipo calcado al actual (con la ausencia de los Gasoles) Y desde entonces dos años y casi treinta partidos imbatidos, algo que parece de otra época habida cuenta de la igualdad que existe actualmente y lo ha hecho un equipo español.

En este Torneo no ha habido un equipo que marcara diferencias salvo Lituania. Rusia nos venció pero no es mejor que España, y es que en un partido puede perder cualquiera. Como se dice ganó el menos malo. Y Rusia con entrenador y estrella yankee (Puttin concedió por Decreto la gracia de que un americano jugara con Rusia por méritos especiales) se llevó el oro. Si Alexander Gomelsky levantara la cabeza.

Entre lo mejor del campeonato, ver a Pepu en el banquillo deleitándose con su equipo frente a Alemania (Jamás vi a alguien disfrutar tanto de su trabajo), el retorno del Rey Jasikevicius, las lagrimas de Garbajosa al saber que podría jugar, el pésame de Kirilenko a Gasol por la pérdida y, por supuesto, las letonas.

Lo peor, la gestión de venta de entradas por parte de la organización excesivos rostros VIP en la grada cuando jugaba España y el pabellón medio vacío cuando no jugaban los nuestros.

No debemos olvidar que una vez fuimos campeones.


Francisco Javier Romero Ruiz