Cuando el año pasado una de mis profesoras chinas me hablaba de
los exámenes médicos prematrimoniales en el país,
pensé que se trataba de alguna invención para sorprender
a los fácilmente impresionables forasteros.
Sin embargo, me topo con una noticia que me hace pensar que cualquier
cosa que oigas acerca de este país afortunada o desgraciadamente,
es verdad.
“Chinese experts have called for restoring the practice of compulsory
pre-marital health check-ups to ensure the quality of newborns and the
entire population generally.” (People’s Daily)
Estos exámenes, que podían costar una media de 300 yuanes
(30 EUR), eran hasta 2003 un requisito esencial para poder contraer matrimonio.
El sida, la diabetes, enfermedades mentales hereditarias, malformaciones
e incluso la impotencia o la esterilidad, eran causa de la prohibición
de la celebración.
Y yo me pregunto si la pareja de enamorados asumía la decisión
con resignación cuando un hipotético Sr.Zhang resultaba
ser impotente o tener problemas mentales. ¿Sabrán distinguir
los chinos la verdadera locura del estado de enajenación transitoria
en el que nos sumerge el amor? Me pregunto si la pareja de "tullidos"
no escaparían al campo a vivir su amor lejos de ojos inquisidores
y papeles galénicos de por medio… Aunque también me
pregunto si estarían realmente enamorados o serían fruto
de algún matrimonio de conveniencia, sintiéndose así
aliviados por la sentencia del doctor. Uno ya no sabe en los tiempos que
corren. Y menos en este país.
Con la reforma matrimonial de 2003, y la consecuente abolición
de tales chequeos, la tasa de reconocimientos médicos prematrimoniales
empezó a caer en picado y el número de enfermedades hereditarias
entre bebés ha empezado a crecer nuevamente. Es por eso que en
varias ciudades del interior de China, las autoridades están promoviendo
la vuelta a esta práctica, haciendo gratuitos los certificados.
¿Estamos viviendo en una nueva Gattaca de Doctores Lamar y no nos
habíamos enterado?
maliya
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