// RELATOS >> LA FUENTE DE AIRONI
su nombre en la mesa


La frescura de la luz me ha conquistado de nuevo hoy. Ella hablaba en el fondo de la sala. Y yo, absorto en su figura, comencé a construir una metáfora para poder poseerla. Tracé su nombre sobre la mesa en la que me encontraba. Lo escribí con minúsculas: luminosa. Lo repasé dos veces mientras la miraba a ella. Después aparté el lapicero y acerqué los dedos a su nombre recién escrito, definido. Y empecé a acariciarlo mientras ella, espléndida, debatía ante todos nosotros. Luminosa acariciada por mí como metáfora. Una luz poderosa bajo cuyo influjo me volví siete veces más sabio. ¿Y si te miro y acaricio tu nombre?, pensé. ¿Y si lo hago pensando en tu suave cuello o tu preciosa frente? O en tus rosas mejillas, o en la piel de tu cintura que asoma entre la ropa...
Y así, poco a poco, se desdibuja el nombre: luminosa, como lo haría su conciencia si lo hiciera realmente sobre ella, atrayéndola poco a poco hacia las cavernas del deseo, donde vive mi anhelo. ¿Será luminosa aquí abajo conmigo? ¿O podré disfrutar de su luz tamizada por mi oscuridad?