DE ILUSIÓN TAMBIÉN SE VIVE
Hace unos días he tenido un sueño. Mi último viaje
a Lisboa había sido en Diciembre del año 2000.
En el camino hice un alto para comer en un restaurante muy bonito que
estaba al lado de la carretera y allí lo vi. Lo miré y
me dije: “tal vez tú seas mi única salida. Pero
pensé: no. No voy a tener tanta suerte”.
Seguí comiendo, pero mi pensamiento seguía allí
con aquel número dando vueltas en mi cabeza y, mientas comía,
fui enumerando uno a uno todos mis sueños, que no eran pocos,
ya que siempre he sido una persona muy soñadora.
Como toda mujer, deseaba comprarme una mansión como la de los
Colby, donde poder dar unas grandes fiestas y tener bellos vestidos.
Disponer de un yate y pasar grandes temporadas navengando. Contar con
servicio en la casa y una limusina en la puerta, con su chófer
uniformado para cuando lo necesitara. Tener dos perros Husky Siberianos,
ya que los animales, sobre todo los perros, son nuestros mejores amigos.
Pero ante todo y sobre todo, hacer grandes obras de caridad. Tres días
por semana albergaría a los más pobres, les compraría
ropa y comida, haría construir una especie de escuela o institución
para recoger a los niños maltratados (que por desgracia son muchos).
Pero eso no podría hacerlo si no tenía dinero, así
que me decidí y compré aquel número tan raro de
lotería: 2056.
Llegó el día del sorteo y allí estaba yo con mi
número, esperando que algo tocara. De pronto sentí cantar
el número y mi décimo estaba premiado. Empecé a
dar saltos como una loca.
Con la emoción perdí el décimo.
Allá se fueron todas mis ilusiones y mis sueños quedaron
rotos por mi inconsciencia e irresponsabilidad.
Así que, aquí me tenéis, igual que siempre. Esperando
a ver si algún día hay otro 2056 que salga premiado y
se cumplan todos mis sueños.
ARACELI