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2056

Quiero, hoy que tengo tiempo, contaros lo que este número significa para mí. Un recuerdo inolvidable en uno de esos viajes que Enrique y yo hacemos.

Salimos sin saber a ciencia cierta a donde dirigirnos. Paramos en un entorno precioso, cerca de la playa. Estaba lleno de jardines, árboles y chalés muy cuidados.

Después de ver todo esto tan bonito, nos dirigimos a un hotel a comer, pensando en seguir, pero le sugerí a Enrique que aquello me daba la sensación de paz. Él también estuvo de acuerdo. Entonces, decidimos quedarnos allí.

Pedimos habitación y nos quedamos a descansar. Luego, bajamos hasta la playa. El ambiente era muy agradable. Una vez empezó a oscurecer, subimos a cambiarnos para dar una vuelta por el paseo marítimo, como suele hacerse.

Luego vino la sorpresa de mi marido. Pidió una mesa apartada con velas y flores. Muy romántico, como siempre. Lo que ocurre es que ahora no suele hacerlo a menudo, por eso me sorprendió aún más.

Bailamos, ya que hacía tiempo que no lo hacíamos. Nos sentimos como cuando éramos jóvenes. La ilusión hace milagros...

Cuando subimos a la habitación, por cierto, la número 2056, amplia y acogedora, e incluso con hilo musical, nos sentimos como en el paraíso. Así que, como podéis imaginar, pasamos unos días que no son fáciles de olvidar y seguro que, si Dios quiere, repetiremos.

Esto que os cuento tal vez os parezca algo íntimo, pero fue tan bonito que deseaba compartirlo con vosotros.


MANUELA