// POEMAS >> ZONA MUSGO
 

Estas casas semiderruidas junto a la bahía negra y su decrepitud de anos,
un taxi cruza echando humo mientras cae la tarde
y el cielo se va quedando sin luz, lentamente, como un lánguido bostezo.

Al frente se encuetra el mar,
el Mar Egeo, el Adriático, el del Norte:
ahora es el Oceáno Pacífico y la soledad milenaria.
Las crestas de las olas retan a los veleros en el horizonte
y las nubes se balancean sobre una hamaca de colores irisados.

El pelícano y el gallote,
la mulata bella que intentaste besar una noche en una cantina de la calle J,
que tenía la piel muy suave y se llamaba Jessy.
Las sombras que abrazan sombras en el Paseo de las Bóvedas.

Ecos del pasado se filtran entre las calles y plazas,
es el olor a pólvora y el tránsito de los pueblos,
la mezcla de las razas que rotan por el mundo en una estela de gritos
inaudibles.

En el rendido cielo
la lluvia desmorona el día bajo un manto de estalactitas y bochorno,
y ha llegado la noche cuando encuentras la figura afeminada de Balboa
que te dice.

- Déjate ya de aventuras.

 

Miguel Rico Varadé