En la penunmbra plena de ojos II
[OCTUBRE 95]
EN MI VIENTRE (burbujeando)
En mi vientre hay serpientes
Que desgarran momentos,
Desconocen mi mar y mis luces.
Cuando nací en la burbuja
Se deshizo la evolución:
El reptil y el pez tornaron al hombre
¿o él a ellos?
En mi vientre hay serpientes
Que postulan salidas furtivas de la burbuja,
Hacia otras burbujas: todo son burbujas.
Las hay con caparazón erizado, etéreo,
Transparente, opaco, de sal, de arena,
Pero todas sin puerta, ¿o la tienen y no la encontramos?
En mi vientre hay serpientes
Que buscan burbujas;
Ahora es aquella de caparazón rosado, redondeada,
Que chocó con mi burbuja mojándome
Los remos del coñac que me contiene.
En mi vientre hay serpientes
Entre otras infinitas burbujas,
Que me hacen presentir la entrada
A la burbuja rosada,
Que contiene sauces y ojos de gacela indomable.
(En homenaje a Leibniz y a Ti).
¡HAY OJOS POR MIL!
Sería imposible que tus ojos no hablaran,
¿acaso hay lenguas que sepan hacerlo?
Significan trotar en olas y escamas,
Sobrellevan estrellas con tórax desmembrados, redondas.
En los ojos (de Ti) nacen los deseos y
En ellos terminan al cerrar el bosque.
Si supiera nadar no dudaría en trasladarme
A tu retina para verte y verme (para no vernos).
Debemos remontar la noche entre fuerzas,
No nos podemos quedar sin luz:
Vamos a en-ojarnos mutuamente,
A desgarrarnos el iris (de Ti y de mí)
Para ver lo que nadie puede.
Los ojos y el despertar lento serán
Nuestros cuando podamos galopar,
Entrando por ellos, en nuestros entresijos.
No pierdas la fuerza (ni su forma, la luz)
Y ábreme el baile de tu sangre,
Quiero ahogarme en tus moléculas
Llenas de avenidas sin nombre.
(Para unos ojos callados y vacíos que quiero calentar,
con el recuerdo y llenar con mis miembros.
Para X del poeta Y).
TE LLAMARÉ FUERZA (Introducción a una teología seminal)
Entre los álamos y la hierba vimos a Dios,
Nos lo tocamos en los genes, en las cuerdas.
Pasando entre flores altísimas que nos daban sombra
Supimos llegar al Sol de colores irradiantes.
Llegaba la tarde entre azahares y bellotas,
Entre moscas y lagartos: danzábamos con el río.
El ritmo de los ratos (rápidos e irreverentes)
Nos marcaba los corazones y las tensiones,
¡nos hizo ser en el no-ser, devenir con sangre!
Hablábamos sin palabras (¿qué le importa la lengua a Dios?)
Y sentíamos los grajos y las golondrinas con igual placer:
Éramos el infinito, lo sin nombre que nombra todo.
Y volvían tus ojos entre amapolas y violetas,
Retornaban los míos tras el galope de un cebú o una cebra.
Pero me aplastaban los tuyos, grabados en el infinito.
¡Tenemos paseos fotográficos en lo ilimitado!
¡Sacamos ristras de energía de nuestras fuentes!
Nos movemos (o nos mueven, ¿qué le importa a Dios el movimiento?)
Como trituradoras, ¡somos elefantes!
-¿Nadie te ha dicho que el amor es demoledor?
Pero tú lo ejercitas, sin saber de subconciencias-.
Ni tú ni yo (que soy tú) queríamos parar,
Seguíamos a las hormigas, a las flores hacia el cielo,
A las serpientes, a las piedras por el río.
¿Sabes que vives en todo? ¡Dirígeme al infinito,
sácame del mundo, rebósate en mí!
Y llegados al absoluto volvamos a pasear
Agarrados de los ojos, a las flores y al arroyo.
Seremos entonces capaces de ser de verdad,
De negar los símbolos y ser lo concreto en lo
Abstracto: seremos Dios.
Cada vez que cazamos nuestros cuerpos en otra red,
Cada vez que realizamos nuestro fulgor en otra luz,
Cada vez que viajamos sin movernos,
Cada vez que llegamos sin dirigirnos,
Cada vez que sentimos nuestro yo como un tú,
Entonces llegamos al mar siendo estrellas,
Entonces somos Dioses por la gracia de
La sangre, de los ojos, del semen...
(Atrapado sin querer salir de Ti.
En homenaje a Hegel y al Dios que
Muere cada día y renace al siguiente).
UN CUENTO CONTADO CON CONFUSIÓN Y CONFIANZA (Para sembrar en retinas poco frías)
En el país de las flores había dos atalayas:
La del sol,
La de la sombra
Y un puente: Sinerjontes.
Al llegar una tarde escalé sin saber donde
Pues el sol se iba y todo comenzaba a ser
Sombra (cerrazón de luz, sol negativo):
En la cima no se veía...
Poco a poco (o mucho a mucho: el tiempo
No existía sin luz) tanteé el mundo de
Mi atalaya:
Ceguera, odio, tristeza, negrura, dientes fríos,
Prostitución, laceración... no cabía duda del nombre:
Sombra.
Vegetando, fantasma rudo, investigué
Hasta que una noche (¿cuándo había de ser?)
Encontré con mi mano rígida un abismo.
Pero del abismo surgía una blanda mano:
Me rozó y supuse que venía de abajo.
Me contó, con caricias, con la lengua en mi rostro,
Que había caído al jugar en la atalaya del sol
Y ahora no podía volver sino con un rehén:
Me ofrecí, aunque allí tampoco vería como apresado.
Pronto aquella lengua-mano me llevó al Sinerjontes,
Tapado por siempre para los sombreados por el burdel:
En varios días que me enumeraba con sus labios en la mejilla
Llegamos al Sol: me dolían los ojos pero no veía.
Pasaron los años y no era feliz sino con el bosque de
Sus ojos dándome lágrimas a beber:
La solución fue repentina: decidí dejarla mis ojos
Para que los acercara al Sol y en poco tiempo me los trajo.
¡Ya estábamos en la selva, donde todo se ve sin verse!
Con mis nuevos ojos reconocí a Lennolla,
Pude volver a sombra,
Enseñar el camino de Sinerjontes,
Construir un caserío
Y saltar con Lennolla de una atalaya a otra,
Por mil Sinerjontes, sinérgicos los dos,
Erotizados por la visión del sol,
Por aquella unión de nuestros ojos en la luz.
(Porque estoy en la sombra y sólo conozco la luz
en tus ojos y me parece no ser de este puto mundo, sino
de Ti).
A LA POLÍTICA POR TUS OJOS
Al caer la tarde sobre mis manos me tambaleé.
Paseé por mis recuerdos y encontré unos ojos:
Fuerza que recorre mis miembros con centelleos.
No sé si mirarlos o no: ¡están tan lejos!
Escenas y escenas, tumbos y tumbos (hacia la tumba)
Me pasan por los ojos sin reconocer nada
Y sólo al traspasarme tus vísceras veo (reconozco).
Han pasado tantas piedras por mis manos
Que no sabría tocar tu cuerpo (quizá sólo romperlo).
Mas un incrédulo en hipótesis sólo quiere pruebas:
Al menos ser tocado por tus ojos infinitamente.
Y así, una vez tras otra, sentir temblar mi cuerpo
Ante tu energía (¡Dios bendiga tus quarks!):
Porque quizá en un instante se pueda sentir más
Que en la eternidad: en unos luminosos iris más
Que en todo el cosmos. Quizá tú seas el cosmos.
Se ve que en las manos de recuerdo se pasea más
Hacia el futuro (queriendo más) que en un simple viaje.
Me vale más un pasional encuentro hecho cotidiano
Que un turismo perdiendo continuamente.
Al caer la tarde se renuevan tus imágenes (que son mías)
Y se reflejan sin orden en un futuro que ordenan:
Tus ojos son la verdadera anarquía.
(¡No puedo escapar!)
NACIMIENTO (18/19-10-95) (Porque cada vez estás más en mí)
¡Por fin he visitado un bosque!
¿Cuándo será la selva? ¿Cuándo seremos uno en dos?
Tu bosque, lleno de dientes y lágrimas sin usar:
Ya no necesito más, el instante se hizo luz
Y la vida nació entre robles y saltos.
¡Por fin he visitado tu bosque!
No creo que se haga selva ¿qué?
No es necesario llegar a la perfección,
Ahora ya puedo mirarme en el agua,
Puedo soñar sin estar dormido.
Es hora de danzar, por los aires,
Por los cielos, por el fuego, por el bosque:
Por tus ojos. Celebrad que un nuevo ser
Ha NACIDO, que unos nuevos ojos
Han producido bosque (¿Cuándo selva?):
Ja, ja, ja, gruñón misterio,
Ja, ja, ja, momento, tiempo,
Ahora estoy aquí, ensimismado,
Luego estaré allí, histérico.
(A tu ingenuidad y a tu picardía)
CUANDO TODO EMPIECE...
Tras la raya del horizonte resuenan fuerzas:
¡a la fiesta, hermanos, a la danza!
Más allá sólo habrá música:
Instantes repetidos (columpios)
Que se hacen eternos.
Campanas del mortal ateo quieren buscar
Y explorar las montañas.
Cuando se hayan suprimido las opresiones
Y los temores incausados,
Cuando seamos ninfas y arlequines,
Cuando nuestros ojos miren con dulzura,
Cuando toquemos tambores sin furor,
Cuando sepamos ser selvas sin desgarrar,
Cuando en mis manos tenga mi posesión,
Cuando sepa compartir sonrisas,
Cuando todo sea uno sin perderse lo plural,
Cuando oigamos todos melodías distintas...
Más allá seguirá habiendo más,
Habrá riesgo. No queremos fin, sino comienzos.
Yo tú él nosotros vosotros ellos
En continuo hacerse –llegando a cada instante.
(Te juro que tú me enseñas utopías).
(En homenaje a Tubular Bells I).
AHORA UN SONETO, VALE
Se han movido los cimientos
De la realidad: garras
Más fuertes han cubierto
Sus colores y sus gamas.
Ha sido todo arco iris
Salidos de tu retina
Que, como aquella Caribdis,
Se enfrentas a toda Escila.
Se han desmembrado raíces
Desde tus párpados rojos
Que han creado muchos pozos
Donde todos mis matices
Pueden cazar, tal locos,
Profundidad en tus ojos.
(Al escribir sonetos se adquiere fuerza para ser creador o creado).
CAPACIDADES
Hemos nacido en el mundo del fango, en lo obscuro,
Donde los ríos se pudren con lágrimas
Y las lágrimas con ríos de sangre.
Los abrigos son el pan de cada día: la mentira,
Sin pudor.
Con las rosas clavadas al dorso no escapamos
Al dolor ni un instante.
Hemos nacido donde el amor es pecado,
Crear es inmoral.
Por eso tiene más mérito el que ama
Creando y creándose: de la nada al todo,
De la rosa el músculo.
Por eso es de héroes mirar como tú miras,
Sin perspectiva, por detrás de las formas.
El seguir la mano en otro cuerpo,
Que es alma,
Puede negar la realidad, puede deformar
Formando.
¡Cuánto se esculpe con un deseo,
mil sonrisas
y unos ojos!
El mundo obscuro toma luz –sobreluz, destello-
Con la capacidad de conseguirnos desnudos:
De ropa y de mundo. Seamos otros en el yo,
En el tú, en el él: en el infinito.
Dos fuerzas confluyentes pueden más que el caos
Sin vigor, inercial, reposado. Son fuerzas
Que se superan, que se recrean, que formulan nuevos torrentes y mares.
Saltaremos al abismo gritando
A las rosas que nos lleven de músculos,
A los peces que nos lleven contracorriente,
A los árboles que nos silben vientos,
A los gamos que nos culpen de veloces:
Saltemos gritando
A la alegría que sea eterna en recuerdo y en deseos.
Y sin más seremos el mundo tú y yo,
Podremos ser continentes, aun siendo islas.
Y sin fango, ya llorando en la risa.
MUERTE
Estamos más allá de la tarde,
Donde se acabó la esperanza,
Donde la fe se murió lentamente.
Los árboles y las rosas ya no son
Los mismos: se los llevó tu faz.
Ni los hogares tendremos esta noche:
Sólo la muerte y el olvido...
¡Qué digo el olvido,
la muerte recordada!
Aquí ya no sentimos sino dolor,
Estamos abandonados al no-ser,
Por no poder ser otros en nosotros.
Se imponen la penumbra y los alaridos:
Se desgarra la piel y las alas:
Ya no podemos volar.
De nada vale la fuerza ni el deseo:
Los noes asesinan todo,
Aniquilan orgullos y vanidades,
Amores y odios, reliquias y símbolos.
La negación nos irrita hasta en
Los intestinos y la carne gris.
Líneas y líneas de rupturas,
Sin cesar, de desgarramientos,
Sin paz. Y en fin los andrajos
Del ser están tendidos al sol
O a la sombra, a la luna
O a las estrellas...
Ya todo ha sido, ha fallado;
Ahora solo quedas tú y algunas flautas,
Tú y tu encarnación en todo,
Menos en los harapos de mi yo...
(¿Pienso en el abismo o en tus ojos?).
Fernando Pérez de Blas |