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funámbulo
Acostumbrado al eco del uno aguardo amputado una parte de mí que tampoco debería esperar. Y es que dar alas a lo que no puede ser fue siempre mi afición favorita.
Quién sabe si parte de lo que hoy tengo se lo debo a esa manera de ver la vida tan poco realista.
Sí, ingenuo. Tras sangrar más allá de mis humores y amores.
Entusiasta como un niño, con esa tristeza de reviejo que siempre tuve.
¿Y ahora qué? ¿Dónde me encuentro? Para ir a buscarme o para no acercarme más. No vaya a ser que yo y mi alter ego nos veamos las caras y luchemos hasta la muerte de ambos, aniquilando para siempre lo bueno y lo malo de mí.
Bien lejos, sí. Irreconciliables. Lo que debo y lo que no soy. Antípodas psíquicas. Pero eso no solucionará el conflicto.
Leerás todos los libros y no aprenderás nada. ¿A quién le importa lo que escribieron otros acerca del conflicto, de la guerra?
Esta guerra es espiritual y se libra en mis fronteras; de mi ceño a mi nuca. Un espacio lleno de nada que pulsa entre drogas para hacerme sentir.
¿Sentir? Demasiadas drogas, ya no siento nada. Neurotransmisores que nada me comunican, tan sólo caos. Noria desbocada.
Ya quisiera yo ser maestro de mí mismo y comprender porqué pienso y para qué. Pero no, no hay salida. Me encuentro en una isla de luz, en medio de una noche muy oscura, negra.
Y sigo sin comprender, y no me extraña. Las demás almas escapan a mi comprensión, como escapó mi gemela, adiós.
Dice la canción que uno sólo conserva lo que no amarra. Gruesas cuerdas ataron todo lo que perdí en un segundo. Y ahora que nada poseo soy feliz en propiedades, aunque infeliz de pensamientos.
Porque mi propósito es uno, sí, pero es tan grande como una montaña y tan ambicioso como el mayor de los conquistadores. Un propósito tan grande del que abrazo sólo lo que tengo ante mí, y me basta.
Quizá de aquí a viejo pueda al menos rodearlo, dando un tranquilo paseo. Viendo la gran obra. Luego, esparcirán mis cenizas a su lado y seré lo que siempre quise ser: cuanto menos, mejor.
¿Qué importan propósitos cuando todo muere a nuestro alrededor?
Sin encontrar nuestro otro lado, vagamos exhaustos creando quimeras en pasatiempos vanos. Eso sí pomposos y enormes, para distraer la tristeza.
Sin embargo, nos convertiríamos en esclavos de un poco de ternura. Así, sin más.
Y lo grande, se hace pequeño. Y los sueños se esfuman, la llama se extingue.
No, no me importa, puesto que soy funámbulo y aspiro a todo.
Porque la nada es caer y caer, ...despertar
carlos g. torrico
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