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FLOR

Encontré triste y asolada una flor

Al borde de la vereda.

La miré incauto y caminante

Y besé sus pétalos, esperanza de primavera.

Sus frágiles colores llevaban diciembres

Escritos, heladas cortaban su vuelo.

La encontré en la vereda,

Olía a verde rocío,

Inquieta por el invierno

Que arrastraba.

 

Aquella flor te la dí,

Por no querer poseerla,

Para que la cuides tú,

La hagas madreselva.

Fue una ofrenda hallada

Sin buscar más que luz,

Una flor a otra flor entregada

Una alma a otra alma.

 

Encontré una flor triste y asolada,

Para tu primavera

Destinada.

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MIRADOR

Esa ventana está agrietada

Por las lágrimas vertidas del cielo gris.

Ventana que es un mundo,

Una quimera, una vaho lánguido.

No tengo más que esa ventana.

 

La primavera verdea su verdad

Tras el cristal fogoso y límpido,

Como antes el invierno

Vertó heladas, vientos y fríos.

Venía el otoño cargado

De hojas, nostalgia y largas noches.

Y hubo verano

Para bajar persianas,

Soñar con la luna y levantar al alba.

 

Siempre tras la ventana,

Sin dejar estos ojos cansados

De mirar al tiempo,

Cara a cara, tras la urna.

 

Un tiempo que vuelve a beber

Miradas, a rozar manos,

A segar riberas.

 

Nos vamos marchitando

En este ventanal postrados,

Sin olvidar olvidos,

Recordando memorias.

Así, tan en sigilo,

Tan sin despertar sospechas,

Que se anestesia el ritmo.

 

Solo la cristalera se agrieta,

Se abren valles en su trasparente faz,

Al lento cruzarse de lágrimas

Que son minutos besando al sol.

Esos ríos salados que resquebrajan

Esa ventana...

 

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CONJUNCIÓN COPULATIVA

Nacidos al alba desde el ocaso,

Insertados entre alma y cuerpo,

Ritmo y sudor, amor y deseo.

Redimidos del mal, en exceso venerados,

Remamos a través de un mar de algodón tejido.

Gime la noche en nuestros labios

Y surten las fuentes licor de vida y de placer.

Mientras el tacto confunde sabor y texturas,

El oído llantos y aromas, el gusto formas y verbos,

El olfato caricias y gestos, la vista siluetas y moldes.

Nos hacemos amor entre los brazos,

Penetrándonos lágrimas y besos hasta la raíz del ser.

Perpetramos un ballet de orgasmos sin espacio ni tiempo,

Porque nacimos en la aurora agarrada a la noche,

Sin dejar de lanzar nuestros labios hacia la geografía del otro,

Sin dejar de recibir aventuras en forma de instantes eternos.

 

Hijos de Afrodita en los campos marchitos,

Nos diluímos buscando los horizontes de la boca, las manos

Y el sexo. Las caricias se pierden bellas y tristes

En un mar de piel erizada, tersa, abrumada por el deseo y el miedo.

 

Cuántos misterios en la carne habitada, visitada y frágil,

Condecorada de temblores hasta vaciarse.

Cuántas luces en la noche apagada por el crepúsculo sin luna.

Cuántas primaveras tras la seda del otoño helado de eneros.

 

Y mientras tantos llegamos juntos al sol,

Cortada la débil urdimbre de la mañana,

Y nuestros dedos chocan con besos,

A síncopas de amor unidos...

 

(Se ve por la ventana asomar el quebranto lastimero del infierno,

y Dios sonríe acurrucado en la noche que huye).

 

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LUGARES

No tengo más frontera que tu sangre,

Bien lo sabes,

Que tu seno, tu piel y tus rayos.

Vivo para manchar mis manos en tus venas

Y mirar el norte en tu cabello.

Porque murieron hace eternidades

Las medidas, los moldes y los metros,

Aturdidos por el golpe de tu camino

Resuelto y cálido, de flor heliótropa.

Porque ya no hay más sentido

Que la topografía dérmica que ofreces

Vertical, sencilla, germinal.

Porque no hay más espera

Que tus ojos abriendo noches

Y arropando deseos y torpezas.

Dormidos los guardianes,

Ya no hay fronteras,

Rota la impasible incertidumbre

De milenios,

El horizonte dona su cielo,

Rodando por tu espalda,

Como catarata nacida en la sien

Y dirigida a la tierra para verdearla.

 

No hay fronteras

En la serena frente que bordea tu sol,

El océano escrito en tu rostro,

El infinito abierto en tu boca,

El eco de tu verbo que absorbe mi andar.

 

Todo se llenó de puertas, de llanuras

Moteadas de breves oteros:

Desde el cristal turbulento

Miraba nacer pasos y más pasos,

Aventuras completas en gestación.

Y no había lindes, que ya no las haya,

Casi ni las hubo,

Más allá de tu sangre hirviente

Y generosa,

Alicatada de nostalgias, de risas

Y de sueñis vividos sin freno.

 

No hubo fronteras, que no las haya,

Vivamos en tu sangre, en tus caricias,

Enlazados en tus arterias.

 

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DESVANES

En un rincón perdido del pecho,

Tenebroso y polvoriento,

Guardo embites de besos,

Querencias en flor

Y algún sueño sin asas.

En un clima desolador y fúnebre

Germinan luces sin faro,

Recuerdos de un sol olvidado.

Sin finalidad ni voluntad,

Por simple juego natural,

Por intuición, sin codicias.

 

En ese rincón ajado por la herrumbre

Amanece día sí, noche también

La esperanza que se quiere

A sí misma esperanza.

Otoño que será flor,

Estiba en su seno bondades

Y truenos,

Para un largo viaje

Pleno de torpezas y premuras.

 

Amanecerá el mundo

Sin saber de rincones, desmemoriado,

Pero sabemos que las aventuras son así,

Polvo al polvo destinado,

En un pecho cualquiera arrinconadas,

Tenebrosas y alerta.

 

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VITAMINAS

En el abrevadero de unos ojos,

Nutrí de horizontes mi zozobra,

Abrí veredas al viento,

Sorbí la ubre de un sueño.

 

De ver el mundo sin usureros,

Sin robos ni lamentos,

Sin exilios ni desprecios.

 

A los hermanos les quise

Contar miradas y aceros

Para saberse futuribles

Y no del presente presos.

 

Lo supe hacer tras el abrevadero,

Cántico de colores,

De esperas y deseos,

Aguas termales,

Lo mismo que hielos,

Fosos de estiercol

Igual que de ojos un beso

Suave y rudo manantial

Aquel abrevadero.

 

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SALUDO

Si no te vuelvo a ver,

Que sigas brillando con ojos de luz blanca.

Si no te vuelvo a ver,

Que agarres el futuro entre dientes en sonrisa.

Si no te vuelvo a ver,

Que acaricies horizontes con manos suaves.

Si no te vuelvo a ver,

Que enseñes amor a geografías de no sé dónde.

Si no te vuelvo a ver,

Que siembres libertad en caminos sin ruta.

Si no te vuelvo a ver,

Que llenes la vida de rosas en forma de besos.

Si no te vuelvo a ver,

Que te vea el mundo, ubicua en pasos firmes.

 

Si no te vuelvo a ver,

Te veré por siempre, dormida en aquel instante,

Vestida de esperanza en tu don eterno a las cosas.

Si no te vuelvo a ver,

Que te vaya bien abriendo sendas

A golpe de miradas, de fe y de piel.

 

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NOCHES DE VIGILIA

Que la noche te diga cuentos, cuentas y desencantos,

Que te cante susurros, rosas y rosarios la noche,

Que corazones, corazas y cruces la noche te bendiga.

 

Esa noche de brisas oscuras, de temores blancos, de gris vigilia

dormida]

Donde hay tiempo muerto y vidas sin tiempo, donde Dios cavila silencios]

Habitada de lunas y astronomías tenues en espera,

Pintada de suaves paletas, de luciérnagas y de ojos a la escucha.

 

Esa noche que te diga, te cante y te bendiga, mientras sueñas auroras de otros días.

 

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ANÓNIMA

¿Qué lees en ese manoseado montoncito

de hojas apenas ya unidas?

¿Qué piensas cuando alzas tus dulces miradas

para retornar a las letras amarillentas?

Un mundo entero de buques,

Piratas, mares, ríos, islas,

Paisajes, cabañas, misterios,

Besos, traiciones, lágrimas,

Horrores, risas, paseos:

La vida en símbolos parida.

 

Vas así, sumida lenta y risueña,

Conociendo amigos,

Lugares y tiempos,

Sueños y tragedias.

Sin reposo avanza el acero

Y tus pupilas por la escritura.

 

Apenas un leve vistazo exterior

Y vuelta a aventurarse

En mil historias,

Cuentos y metáforas.

 

Fuiste un momento,

De pop embadurnada,

Compañera de traqueteo en raíl

Y aquí vivirá an palabra,

De palabra nacida,

En ella embebida,

Mientra poco importante pasa

Entre el calor del trayecto.

 

Leyendo venías de lejos,

A un roce fugaz leías,

Llenos tus ojos de luz

Hasta otro día de libro,

De cables y cotidiano

romperse los instantes.

 

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HURACÁN Y VIGILIA

Entre los dedos viejas melodías dormidas,

En el corazón la memoria dislocada,

Y este páramo de indecisión y sangre bañada en luz.

Así, sin marchitar recios besos, ni dormir el alba,

Vienes y vas en flor y a través de vientos.

Huracán de ojos amarrados a océanos antípodas.

 

La sábana es un mar de discos oídos, una y mil estrellas,

Cien versos en duermevela y aquellas primaveras zanjadas.

Vigilia desoladora, albur de brazos, hiedras y mástiles,

Con tus caricias guardados bajo un montón de ceniza,

Acurrucadas al último ascua que arde futuros olvidados.

Vienes y vas, arteria y vena, meandro lastimero,

Audaz rincón de santuarios bajo soles apagados.

 

Ya no hay esperas, ni cansancio, ni salidas,

Ni caminos, ni amarillo, ni sentencias.

Todo es vigilia y rastreos desesperados en llamas tenues,

Desnutridas. Los leños van a la deriva sin salvavidas.

Lejos, muy lejos, desbordado el lindero horizontal,

vas y vienes, libre, libertadora, rotos los muros,

desbocada. Tus imperios no conocen atalayas.

 

Mientras la vigilia vigila prematuros ocasos

Donde intuir bengalas de buques pernocta,

Carretadas de sal para curar cicatrices,

Tinteros de poemas por escribir

Y algún labio en busca de huésped.

 

Vigilia de náufrago, de tuareg, de salmo,

De fogata y de eremita. Oración de vigía,

Vigilia de anhelo, de lágrimas, de sí misma.

 

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EN EL AIRE

De esperarte desespero,

Amiga esperada,

que no espero más que la espera

De tu esperanza inesperada.

 

 

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SIGO VIVO

Te amo porque te has ido junto a la flor de abril,

Rauda como lo haces todo, huracanada.

Las tristezas se durmieron hace siglos,

En el altar mayor de rutinas incontables.

Te seguí amando. A ratos. Por siempre.

 

Mientras la carne crecía desamparada,

Mientras minutos huían de minutos,

Te quería atrapado en el olvido, quedo,

Casi mudo.

Mientras dolía hasta el viento cálido de junio.

 

Hasta moriri en algún enésimo intento,

Hasta que se agoten las imposibilidades,

Te anhelo dormida sobre la briznas de arco iris,

Despacio.

Hasta que la última batalla comience.

 

Porque te vas junto a la flor de abril,

o al lado de las hojas de octubre

y ninguneas el mundo.

Porque nunca has dejado de mirar

Con tanta luz que hieres paisajes.

Te amo, con un amor de vigilia

Y penumbra, casi a duermevela.

 

Hasta que la última guerra se extinga

Y todo se llene de flores de abril...

 

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ABRAZO

¿Dónde nació el corazón de aquel abrazo,

el sol de aquella mirada desde el alma?

Quizá fuera en lo más recóndito del ser,

En las entrañas de Dios,

Que nos donó su gracia

Para amarnos siempre,

Más allá de labios y falos,

Más allá de manos y carne,

En la linde del bosque,

Donde el horizonte bebe lunas,m

Nubes y tormentas,

Donde siempre es igual

La diferencia,

Donde nunca se llega al fin,

Al desenlace.

 

Para amarnos en la gracia

hecha abrazo y luz,

ojos y alma.

 

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SENTIR

Ya no duelen zarzas, sangre ni cicatrices,

Tampoco lluvias, luces y memorias.

Ahora es olvido y nostalgia sin objeto,

Perdida, oculta, velada. Olvido del olvido.

 

De años, de minutos, de millones de besos,

Tengo al lado el suave murmullo,

Un dulce eco que late lejano, horizontal.

Residuos, restos, hábitos desacostumbrados,

Corazón temeroso de latir.

Así los paseos andan hacia el abismo.

 

Porque ya no duelen pasos ni carreras,

Vacíos, saltos y quietudes.

Ya no duele ni aquel dolor herido de muerte.

Solo duele pensar que dolió

Y ya no duele...

(Con lágrimas corriendo lentas a la nada.)

(¿Hundido?)

 

 

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VISIÓN

Han caído las hojas sin hacer ruido,

Lentas y sin descanso.

Nos ha vencido la desnudez invernal

Para gozo y esperanza de otras prima-veras.

Con el silbido del viento traeremos

Paz a carretadas y ocasos anaranjados,

cielos de un sutil gris azulado,

Noches brillantes bañadas de escarcha.

Seremos otoño, colores y luces

Anunciando serenos amaneceres.

Seremos ángeles de fe olvidada

Que traeremos el frío beso

De las primeras nieves.

 

Han caído las hojas silentes,

Promesa de otros brotes,

Que besarán minutos por venir.

 

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INQUIETUD

Allí perdí las noches y muchos amaneceres,

Donde el hierro es carne y la carne plomo,

Rincón sin tiempo ni esperanza.

 

Allí venció el hastío a mis pobres sueños,

Frágiles, de alas rotas y cicatrices suturadas en falso,

Donde las luchas son horas muertas.

 

Allí inquirí por una querencia,

Para hacerla hermana y proseguir viaje,

Sometidos al amor y sus secuaces.

 

 

Allí fui y de allí vengo,

Sin más carga que mis pies sangrantes,

Que mis caminos apenas desbrozados.

 

Pero sigo ignorante de las rutas,

De las tácticas, de los métodos,

De los besos, de los abrazos,

De allé vengo y allí volveré,

A amarrar corazones en costas sin puerto,

A soñar nocturnos en jergones sin aurora.

 

Allí, en la sala de espera de Dios,

Lindera de tantos infiernos.

 

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PASEO DE PALABRA

Abrazados en una mirada

Y dándonos palabras

Hicimos amistad de calle.

 

Cuando rugía el frío invernal,

Nuestros hálitos calientes

Daban calor al paseo.

 

Nos contábamos hierros y herrumbres,

Soles y nubes, selvas y bosques,

En el momento menos esperado.

Ardía la luna sobre aquellas noches.

Moría el alba añorando vernos

Y oir ese diálogo de salterio y tambor.

 

De paseo en paseo

Gastamos saliva, deseos

Y algún zapato. Nos gustamos

Entre gustos y disgustos.

 

Casi en el silencio

Rozábamos de sueños el asfalto,

Delineábamos de nostalgias las aceras.

Éramos dos libertades agazapadas

Tras la galerna.

Barcos en deriva, anhelos sin estibar,

Clara-boyas sumergidas,

Hitos de un mar triste y agrisado.

 

Amigos de calle y hasta de callejón,

De banco y de paseo,

De café solo y tardes al borde nocturno.

 

De silencios y palabras

Tiradas al azar. Amigos éramos,

Promesa detenida a punto

De ser un beso.

Rincón de anclas heridas,

Manos heladas de querer ser luces.

 

Nos dábamos palabras

Mientras pisábamos esos charcos,

Espejos de aquellos amigos,

De aquellas veletas.

 

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VISTAS

Estalló la aurora

Iluminando tus ojos, tus noes

Y los hierros de muchas celdas.

 

Vimos montañas asomadas a valles,

Olmos naranjas y hayas maduras,

Correr ardillas y silbar colibríes,

Flores verter colores y arbustos tirar frutos.

Vimos gentes y cotidianos quehaceres,

Relojes trepidantes y paseos trémulos.

Besos transeuntes y opacos abrazos.

 

Vimos gracias a la aurora,

Nacida en tus ojos,

Muchos horizontes, alguna zozobra,

Nos vimos los dos,

En el mundo, a su hora.

 

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MUERTE

¿Dónde estaban tus ojos los años de bruma y ocaso?

Cuando el río helado miraba al norte

Y los acantilados senreían mis pasos.

 

Todo era noche sin alba, premura de alas rotas,

Caminos hacia castillos en ruinas.

Un ligero recuerdo de luz latía perdido,

Sin pistas, irracional. Atrincherado en mi corazón.

Tus ojos estaban sin estar.

 

Había fallecido cualquier esperanza,

Futuro u horizonte. Cerrado el mundo, clausurado.

Cárcel dentro de cárcel. Encarcelado en mí mismo.

Herido tras la muerte. Cicatriz en cicatriz.

Ya no andaba, ambulaba entregado a la nada.

 

Árboles, paseos, mares, utopías,

Todo más allá del infinito muro negativo.

Así sufría y sufro, dolido de dolor eterno.

En este instante de frío polar, de quemaduras ateridas.

 

Arrastré ideales, sueños y esa fe frágil,

Cogida con un leve hilo divino.

Desgastados y andrajosos los dejés en una vereda sin nombre.

 

Eran, como te insinué, los años de bruma y ocaso.

Los años de linternas fundidas y ojos apagados.

 

Ahora ya no hay años, ni minutos, ni tiempo.

Me retuerzo en una espiral sine die.

Un agujero negro.

Una tumba tachonada de olvidos.

(Vencido por el pesi-mismo).

 

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BIOGRAFÍA

Nací en mitad de la tormenta,

Entre fugaces paisajes y amaneceres huidizos.

Desde entonces arrastré fango hasta la cintura

Y acaricié las verdes y floridas lindes del camino

Como el glaciar desgarra la piedra.

Han sido días de holocausto y dolor fundido

Y mi carne es un duro callo, un espíritu cicatrizado.

Han sido demasiadas noches helado en hostales sin luz.

Hijo de la tormenta, su tortura será eterna,

Instantánea, dura y tozuda. Realidad del atormentado.

 

Miles de hojas llenas de amarga turbulencia

Son pruebas irrefutables del misterio.

Nacido en los albores de la nada

Y en las premuras de todo.

Soy algo entre el no y el sí.

Un quizás deshabitado.

Nubes que huyen tras despistar al sol.

 

Recorrí bosques y selvas,

Camas y copas. Dudé si era una bestia.

Quise como jamás me querrán.

Odié como no quiero que me amen.

Fui serpiente en tantos paraísos...

 

Nací y viví en los tiempos moribundos

De la historia, donde todo valía

Menos tener besos sangrantes.

Nonato moriré

Si aquella tormenta que llevo amarrada al alma

No encuentra un topos donde asentar sus venas.

 

Alma errante seré

Hasta que vuelva el amanecer huido

O se barrunte un cielo negro al infinito.