Y suenan en la noche de remotos salvajes
cruces de caminos
que esparcen sus dudas oxidadas
por tu cintura de rocanrol,
desvíos a ninguna parte, suertes en fuga,
mi lengua dibujando tu boca
mientras el brillo de las ciudades
ciega los ojos de los icebergs.
Tu desnudo es hoy
recuerdo del futuro que vendrá.
Como por arte de camino
decido mi suerte
y saboreo tu boca
recién
caída del manzano.
Y suenan en la noche de
aludes
cenicientos
las palabras que doraste un día al sol
mientras éramos sangre
de un rayo de ámbar
hecho rama
de naranjo.
Y las llevo conmigo, a perder la cuenta
de las veces que te cuento.
Xurde P. Lejarza