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| El tiempo | ||
Tras unos momentos de tensión creciente, Edrin J. pone en marcha el reloj local. Hora cero, minuto cero. Un torrente de grata armonía recorre el cauce del río que Edrin J. comienza a navegar. Un tramo de calma y sosiego presagia los rápidos que están por llegar. Asiendo fuertemente el remo de acero y madera, Edrin J. surca majestuoso el gran río blanco, y con maestría va esquivando los pequeños salientes de roca que se atisban entre las aguas. Cantos de sirenas de agua dulce hipnotizan a Edrin J., mas éste, lejos de dejarse llevar, interioriza esos cantos y los transforma en propulsión extra, lo cual le hace viajar a una velocidad cercana a la de la luz, con lo cual el tiempo se contrae, aunque sin llegar a pararse, lo que permite a Edrin J. coger una cereza del árbol sustentador del cosmos. Al comérsela, Edrin J. vuelve a su estado habitual de reposo y el tiempo sigue su curso general, suceso que no le sucede al tiempo local, el cual ahora mismo cesa de existir. Jorge Jiménez |