Me confieso viajante de trabajo,
Por placer apenas me desplazo,
Somnoliento llego al aeropuerto,
Espera, tedio, mi equipaje aguardo.
Encuentro mil posturas de pie,
Hasta que maletas llego a ver,
Me deslizo en un taxi sin más,
Una dirección, luces y a dormitar.
Al día siguiente os coloco,
Siempre cerca, unos de otros,
Ordenados, de colores, oliendo bien,
Cada uno de un país y un hotel.
A veces asomáis por el cajón,
Oler os quiero sin más dilación,
Un trozo limpio, mil recuerdos,
Que con agua y frote; despejo
Testigo mudo, viajante con fe,
Cuidáis de manos y piel,
Aliado siempre fiel,
Vosotros los jabones de hotel.
Juan Domínguez “EL CAZATIBURONES” |