AUSENCIAS
A dos personas que amo
I
Que no me veas, no quiere decir que no esté.
Que no esté, no quiere decir que no te quiera.
Que te quiera, quiere decir: tus ojos siempre me podrán ver,
... porque los míos siempre velarán porque los veas.
Si no me ves, será porque no miras
al hombre que camina a tu vera,
y adjetiva cada paso tuyo
...con el nombre con que concuerda.
Si no me sientes, será porque no acaricias
la misma piel que te rodea,
a esos brazos que se abren
... a cada paso con que te acercas.
Si no me crees, será porque no oyes
las palabras que oír sueñas,
aunque yo las diga en todo tiempo
... esas palabras que siempre esperas.
Si no me reconoces, será porque no aceptaste
que este alma pudiera ser sincera,
un alma que se agita entre las imaginaciones
... las tuyas, las suyas... todas las que nos unieran.
Pero no es cierto, y tú me ves,
me miras, me acaricias y tientas,
escuchas y me hablas
... hoy y ayer, como la vez primera.
No es cierto, y yo lo sé,
porque te lanzo el beso como el ancla a la tierra,
te sueño, te siento,
... atraco en tu puerto y recojo la velas.
No es cierto, los dos lo cantamos,
con los dedos entrelazados como cadenas
de ese amor que prende la carne, toca el espíritu...
... el de los enamorados
en una siempre primavera.
II
Tu figura se borraba y se perdía
al alejarte y entrarte en la niebla.
¡Y no poder, como otras veces, seguirte adonde ibas!
¡Tener que pararme en la puerta!
Mis ojos depositaban su vista
según dabas tus pasos hacia la celda;
¡Mi vista! Tan ligera,
era esto lo único que a tu ida,
para atravesar el espacio tenía fuerza.
Pero empezó también a pesar
por esa lágrima viva
saliendo sola de mi dentro al afuera;
Y en forma de gota de mar,
de gota y de lloros, por la mejilla,
resbalaba desde el alma la pena.
El tiempo habrá de pasar
envejeciendo los barrotes que te encierran
y detienen mi querer llegar
mi agarrar tu mano entera.
Tampoco el rabioso puño puede quebrar
el espíritu de la odiosa verja;
Prieto y cerrado, al aire golpea,
a la sombra sin autoridad,
al hueco que vacío de ti queda.
En pie seguiré, compañero y amigo,
firme ante el acero y la piedra
que impiden tu libertad;
Clavados mis pies en tu sino,
bajo ellos, siempre, tu condena,
deseando contigo
... el nuevo sueño desconocido
que debe hacerse realidad.
III
Al sonido de la guitarra española,
entre tostas, licores y vinos,
entre jamones, canto esta copla
que sirva de testigo;
copla que dice: De tu destino
no quiero saber, sino de tu vuelta,
tú, ¡mi cantaora!
que partes al abrigo
de una noche de fiesta,
una noche conmigo,
el corazón paciente que te espera.
¡Qué suenen acordes!
¡Qué vibren las cuerdas!
¡Qué suenen y resuenen esta noche
y hasta el día en que vuelvas!
IV
Va en mi verso, escondida,
la lima que lucha contra la reja,
hecha de palabras que no olvidan,
que sienten y vibran,
que te llevan
en cada una de sus letras.
Va en él y su rima
toda sílaba y toda lengua
que usa la vida
para levantar ante la vista
el juicio y la vergüenza
de absurdas condenas.
En él va mi tinta,
mi pulso y mi protesta,
van trazos que al mundo gritan;
voz contra injusticia,
contra las mazas, poemas,
sentencia contra la toga negra.
En el verso va mi alma, escrita,
¡quiere romper tu cancela!
¿La ves? Ya recorre las galerías
como tú, cautiva,
echando abajo, haciendo leña
de cuanto te retiene... de cuanto desprecia.
V
Amor, ando palpando el espacio
por si te rozasen mis manos solitarias,
y pudieran sentir la magia
del corazón brujo y sabio.
Las dejo caer en busca del cambio,
el hacer tu presencia en la distancia,
el dibujar tus contornos, tu sonrisa, tu gracia,
darme en ti un color perfecto y cálido.
Bien te conoce mi rudo tacto
o los ojos que ponen la dulce cara
que los tiene enamorados,
como bien recuerda tu fragancia
el instintivo olfato,
y los oídos aún escuchan las palabras
cariñosas que emergen de tus labios.
Ya ves, no existe olvido pálido
no sólo una sombra flácida,
sino tú, toda entera, viva y mágica,
recreada en mi íntimo y secreto pálpito
pintada por la memoria en sus láminas.
Te traigo así a mi vida diaria,
así consigo, sin verte, vencer el espanto.
Así resurges cada mañana
y todo lo que eres permanece a mi lado.
VI
Entre tus cuatro paredes
quiero entrar el mundo entero,
ensancharlas con los poéticos cinceles
que a golpes construyen el universo;
A la tarea de empujar los muros y alambres
he puesto a cada uno de mis versos
montados sobre las gotas del aire
que caben por cualquier rincón estrecho.
Su misión: reventar los límites de la cárcel
una vez que todos estén dentro,
describiendo los campos, las cumbres, los valles,
las plazas, avenidas y calles
que ahora sólo ves durmiendo.
Ellos han de llevarte
recostado sobre un furioso viento
hacia el infinito viaje
al que tu partes
en todas las oscuras noches de sueños.
Siento ya como se abren
las primeras brechas, los cerrojos, en silencio,
veo ya cómo tú sales
poniendo tierra de por medio
con tus firmes pasos de caballero andante
al que nunca jamás vencieron.
VII
Aún nos quedan días para besarnos
bajo la amplia sombra del planeta,
en los parques de la verde hierba
en que persiste la juventud de otros años;
pero con nuestro amor, en el tiempo, intensificado.
Aún muchos amaneceres tenemos
para despertar a nuestro lado,
los cuerpos entre los brazos
sobre un lecho enamorado y perfecto;
allí donde los corazones permanecen despiertos.
¿Y sueños? ¿Aún nos quedan sueños?
¡Pertenecen al pasado!
Si es contigo, linda, con quien ya duermo,
a tu espalda abrazado,
¿para qué sueños? ¡Tiempo!
Infinito tiempo eterno para realizarlos.
VIII
Con un sucio cristal nos dividen y separan,
pero nada pueden con el brillo de los ojos
que atraviesan, si quieren, la distancia,
y todo lo que poner quieran entre nosotros,
ya normas, ya reglas... ya toda su infamia.
Son todos sus esfuerzo vanos,
todos sus intentos menos que nada,
porque a mí, de tu lado, hermano,
su estupidez no me arranca.
Ellos recen a sus santas leyes
y a ellas encomienden sus almas,
ellos, al cobijo de sus hipócritas seres,
tú y yo, no temas, tenemos ya nuestra casa.
En ella te espero, paciente,
en esa bendita mañana
en que ellos allá atrás, en el tiempo, queden
y nosotros, juntos, sigamos la luz del alba.
MANOJO DE SONETOS
I
Llevados de la mano por una ilusión,
caminan los hombres hacia el infierno
volviendo la mirada ciega hacia el Dios
que oculta las promesas y sus premios.
Cruzan erguidos estos campos yermos
llamados vida, mundo, civilización,
frutos caídos del árbol del miedo
y semillas de divina prohibición.
Será que el hombre prefiere hogueras,
duros castigos y brasas ardientes,
¡vivir nada de la breve vida fugaz!,
o que el hombre no es hombre, sino fiera,
y son sus zarpas, sus garras, sus dientes,
las oscuras leyes de su ciencia moral.
II
Nunca se piensa que a la deriva
Dos Cisnes naveguen sin un destino,
las alas y plumas envejecidas,
con sus sombras de amargo capricho.
Blancos ayer, sobre el estanque limpio,
perdidos, hoy, en la mar infinita,
cisnes, ¡hacia el horizonte salino!
hacia la puesta y el fin de los días.
Las olas borran sus estelas frías,
allá por donde pasaron más lentos
y el agua azotaba embravecida;
camino van de volverse mentiras,
engaño a los ojos que les vieron...
dos Cisnes expulsados de la vida.
III
¿Callará el mirlo nocturno su canto,
y será la noche toda silencio?
¿Se diluirán las luces de los astros
para ahogar a los vivos en sus lechos?
¿Cuál será la hora que pare el tiempo
y dé al moribundo paz y descanso?
¿Dónde ha de empezar el eterno sueño
ya sin calor, sin dolor ni pecado?
La vida corre, huye de las manos,
escapa por cada soplo de viento
con forma de días, meses y años;
por cada recodo se hace pasado
el mañana del futuro siniestro
que el presente vivido haya escarbado.
IV
Las calles en que desgastó las suelas
de los por viejo quebrados zapatos,
no lucen adoquín ni negro asfalto,
torpe polvo, ni verde ni alta hierba.
Son calles de parda y fina arena
donde el pisar de mis mortales pasos
dura sólo la prisa con que tardo
en posar otra uniforme huella.
Perdemos, siempre, en el fondo de tierra,
la sombra lejana en vagos recuerdos
antes de ver nuestro hueco que espera
tragarnos en su labor irredenta;
y lo que por evitarlo hacemos
todavía más a él nos acerca.
V
¿Qué habrá de pensar mi eterno esqueleto
cuando las carnes secas y podridas
se desprendan del hueso de la vida
y sobre el desnudo no quede cuerpo?
Quizás que al fin se deshizo del nervio,
y ya no vendrán sufrientes heridas
golpes, dolores, ni escayola fría
a enturbiar sus ágiles movimientos.
Pero cómo moverse sin cerebro,
cómo sin el calor febril del alma
arrebatada de fuertes deseos.
Pero cómo impedir manto y entierro,
cómo perseverar en el mañana...
si todo lo que le cubre está muerto.
VI
Esta tierna lluvia que me empapa,
al caer, a ti te estará regando,
como aliento de amapola de campo
que espera el rocío cada mañana.
Por mi cabello escurre, escapa
a unirse a tus frágiles pétalos,
manos juntas, hasta el nocturno ébano,
que detienen toda lágrima amarga.
Ahí quedan, al dorso de las palmas,
oculto su derramarse por la piel
tan dolida, desde el alma quebrada.
Pero, amigo, las tormentas escampan,
aunque ese cielo tan absurdo e infiel
necesite de ti tu triste estampa.
DIVERTIMENTO: PIANO
Blanca y negra,
bajo las manos
y las caricias de los dedos
las teclas tiemblan,
el pedal vibra,
lleno de vida
de un golpe hacia fuera.
De otro golpe...
las cuerdas suenan
y el viento silba
la melodía nueva.
DIVERTIMENTO: DIVINO ASCENSOR
Subir en ascensor
al cielo estrellado
a robar la luz del sol
la voz del Dios...
sin haberos cansado,
pie tras pie, de escalón en escalón,
sin haber respirado
ninguna revelación
ni vivida la desesperación
del mártir torturado.
No, ¡Dios no ha muerto!
sólo vive, siempre, un piso más alto,
sólo baja cuando subís, del botón al cielo,
para, a medio camino, registrar vuestros pecados.
su ascensor, ¡ya sabéis!, no admite en esto
ningún kilogramo.
Héctor Martínez Sanz |