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Últimos dolores II


VISTAS
Estalló la aurora
Iluminando tus ojos, tus noes
Y los hierros de muchas celdas.

Vimos montañas asomadas a valles,
Olmos naranjas y hayas maduras,
Correr ardillas y silbar colibríes,
Flores verter colores y arbustos tirar frutos.
Vimos gentes y cotidianos quehaceres,
Relojes trepidantes y paseos trémulos.
Besos transeuntes y opacos abrazos.

Vimos gracias a la aurora,
Nacida en tus ojos,
Muchos horizontes, alguna zozobra,
Nos vimos los dos,
En el mundo, a su hora.

MUERTE
¿Dónde estaban tus ojos los años de bruma y ocaso?
Cuando el río helado miraba al norte
Y los acantilados senreían mis pasos.

Todo era noche sin alba, premura de alas rotas,
Caminos hacia castillos en ruinas.
Un ligero recuerdo de luz latía perdido,
Sin pistas, irracional. Atrincherado en mi corazón.
Tus ojos estaban sin estar.

Había fallecido cualquier esperanza,
Futuro u horizonte. Cerrado el mundo, clausurado.
Cárcel dentro de cárcel. Encarcelado en mí mismo.
Herido tras la muerte. Cicatriz en cicatriz.
Ya no andaba, ambulaba entregado a la nada.

Árboles, paseos, mares, utopías,
Todo más allá del infinito muro negativo.
Así sufría y sufro, dolido de dolor eterno.
En este instante de frío polar, de quemaduras ateridas.

Arrastré ideales, sueños y esa fe frágil,
Cogida con un leve hilo divino.
Desgastados y andrajosos los dejés en una vereda sin nombre.

Eran, como te insinué, los años de bruma y ocaso.
Los años de linternas fundidas y ojos apagados.

Ahora ya no hay años, ni minutos, ni tiempo.
Me retuerzo en una espiral sine die.
Un agujero negro.
Una tumba tachonada de olvidos.
(Vencido por el pesi-mismo).

BIOGRAFÍA
Nací en mitad de la tormenta,
Entre fugaces paisajes y amaneceres huidizos.
Desde entonces arrastré fango hasta la cintura
Y acaricié las verdes y floridas lindes del camino
Como el glaciar desgarra la piedra.
Han sido días de holocausto y dolor fundido
Y mi carne es un duro callo, un espíritu cicatrizado.
Han sido demasiadas noches helado en hostales sin luz.
Hijo de la tormenta, su tortura será eterna,
Instantánea, dura y tozuda. Realidad del atormentado.

Miles de hojas llenas de amarga turbulencia
Son pruebas irrefutables del misterio.
Nacido en los albores de la nada
Y en las premuras de todo.
Soy algo entre el no y el sí.
Un quizás deshabitado.
Nubes que huyen tras despistar al sol.

Recorrí bosques y selvas,
Camas y copas. Dudé si era una bestia.
Quise como jamás me querrán.
Odié como no quiero que me amen.
Fui serpiente en tantos paraísos...

Nací y viví en los tiempos moribundos
De la historia, donde todo valía
Menos tener besos sangrantes.
Nonato moriré
Si aquella tormenta que llevo amarrada al alma
No encuentra un topos donde asentar sus venas.

Alma errante seré
Hasta que vuelva el amanecer huido
O se barrunte un cielo negro al infinito.

VALLES FÉRTILES
Doncella del valle perdido,
La de los senos turgentes, lava ardiente,
Contigo liberaré montañas
Y oraré en orillas tumultuosas,
Besaré los mares,
Derribaré fronteras.
Seremos libres,
De carne herida por miles de besos,
Con sangre herrada a las venas del otro.

Entre frondosos aromas
Cantaremos la canción del amor,
La que no sabe de señores ni de látigos,
La que nació salvaje y primitiva,
Cántico de pieles tersas,
De abrazos infinitos.
La canción que tú y yo
Bordamos al filo de noches estrelladas
Y barruntadoras de albas hirientes.
La canción de palabras silenciosas,
De murmullos desbocados.
Canción nunca cantada,
Siempre intuida.

Oh, tú, doncella del valle perdido,
La de la vulva en marea alta,
La de manos prendidas de fuego y
Ojos hijos del sol.
Dancemos locos hasta que nos escuche
Aquella sombra renqueante
Y los olvidos cuenten memoria
De tantas muertes.
Dancemos el frenesí
Atemperados de caricias.
Dancemos hacia la sierra del alma,
Tras los sueños,
En esa duermevela del orgasmo.

Oh, doncella de los senos turgentes,
Levemos anclas, arriemos velas,
Hacia el mar inmenso
De nuestras lágrimas cicatrizadas.

Hacia nuevos besos y desconciertos...

IMPERIO INFERNAL
Pueblos y pueblos aherrojados,
Con el alma moribunda.
Sangre por dinero,
Lógica y negocio,
Crimen legal.

Voluntades pasivas, inertes.

Sonrisas en la basura,
Hambre diaria,
Guerra en la guerra,
Paz tras el horizonte quemado.

Plegarias sordas, silencio del ocaso.

Mentiras escritas en oro,
Letra desnortada,
Rima imposible,
Imperio de papel y cadenas.

Desierto ilimitado, oasis inútiles.

Esperas hastiadas,
Corazones fríos, casi helados,
Glaciares negros,
Horrendas noches.

Ideales putrefactos, soñolientos.

Palabras de viento,
Metáforas añejas,
Días fantasmas,
Tiempo anquilosado.

Destinos queridos, con anhelo jadeante.

¿Dónde nace ese rosario,
dónde ulula esa brisa,
que sopla Dios sobre el infierno?

(Razones hardcore).

BREVE RECUERDO
Estuvimos solos en la penumbra,
Donde el águila acecha
Y los besos son bruma.

VISIÓN FUGAZ
Antes había rutas,
Sueños utopías,
Esperanzas y horizontes.
Albas había entre tus labios.

Ahora tropiezo en mis venas,
Enredadas en el vacío.
Al borde, en la frontera,
Donde se huelen abismos.
Y la muerte no tiene eco,
Amenaza tras ojos ciegos.
Ahora el instante solloza
Sin la eternidad de tus besos.

Antes hubo vuelos rasos
Y altas montañas.
Hoy cavo tumbas,
Topo embriagado de hastío.

Antes había rutas...

APAGADO
La noche de tu huida,
Me dejaste enterrado por la ceniza.
Ardía como ascua,
Tapado entre sueños e hierros.

Fueron años recostado a restos,
A madera de ataudes incinerados.
Perdido a través de bosques y selvas.
Huésped en tabernas cercanas al infierno.

Ahora miro al frente sangrante,
Apenas huelen ya las últimas amapolas
Y el verano domina el cielo con su lumbre.
Ahora el llanto no sale
Y la ceniza ha germinado:
Cardos y aulagas.

Y a través del azul
Revolotean buitres y cuervos,
Porque la sangre todavía corre fresca
Por estas venas malheridas...

Los chacales merodean
Desde tu marcha tras la esperanza
Dormida en este rastrojo calcinado.

Crecen desiertos más allá de la mañana.

VUELO BREVE
Tras la dura mañana,
Un halcón se posó
En tus labios callosos.

DE SU MONTE
Montaraz te quise y libre,
Ebria de amores y paseos locos,
Paranoica de cielos abiertos.

En la ribera de muchos días,
Muy cerca de algunas noches,
Amé tus obsesas costumbres,
Tus piedras y tus hierros.
Amé tu desmesura.

Mientras saltábamos maderas,
Cementos, hierros y papeles,
nos hacíamos madrigueras
Bajo abismos horizontales.

Verticales vivíamos más de una vez,
Acurrucados en sombrajos mal trabados,
Arrebatados de verde y azul.

Así te quise, perturbada y sin descanso.
Hija del bosque y la niebla.
Libertada de tanta basura civilizada...

NICTÁLOPE ESCONDIDO
De luces nos rodeamos,
Sol, lámpara, linterna, farol, fanal,
Foco, faro, célula fotoeléctrica,
De luces que no iluminan nuestra ceguera,
Eterna, indescifrable.

Caminamos entre luces,
A ellas vamos,
De una luz pretendemos venir.
¡Y qué ciegos, Dios, hasta la tiniebla!

Nos miramos en espejos,
En el río, en el álbum de fotos,
En otros ojos, incluso en vitrinas comerciales.
Y nunca nos vemos el alma, perdida noctámbula.

Ni al alba vemos luz,
Todavía sumergidos en la noche de neón,
Ni el crepúsculo exalta la luz que ya no es
Y debiera vivir en la memoria.

Somos noche, aunque dormidos soñemos luz.
Abismo, aunque pisemos eternas estepas.
Ebrios de fe trituramos horizontes,
Con luz de luz impenitente,
Pero la linterna se rompe: añicos negros.

Queremos ver el misterio,
Lo rozamos, olemos sus metáforas,
sus presencias sagradas.
Y reina el lóbrego solar oscuro.

¿Por qué no querer la ceguera
hasta que del negro nazcan luces
verdaderas?

¿Por qué seguir ciegos, con las retinas
quemadas de fuegos fatuos?

¿Por qué de luces nos rodeamos,
si no arde el lar originario,
el único calor y color
que abatirá la igualdad negra?

Veremos en lo opaco
Cuando salgamos del infierno,
Ateridos de horror sagrado.

Y la aurora será azabache,
Hasta que encontremos nuevos ojos
Libres de mentiras y fotofobias disfrazadas.

Hasta que se abra un fanal
Y resurja el día que pernocta
Infinito, nictálope escondido,
Bruma acromática, ojo creador.

Nictálope escondido...

DORMIDO
En Mis vigilias mezcladas,
La r y la b, la b y la r, niñez y juventud,
Rebelión y barba, Begoña y Raquel.

Aquella Begoña frágil, de pétalos suaves
Y reír tormentoso, casi aterrador.
De sexo exuberante y de marea alta,
Que dejó resacas desérticas.
Y tú Raquel, la de ojos profundos,
Lirio del hollado paisaje,
Sol en la penumbra.

Tumbados en aceras, ebrios de alcohol y rebeldía,
Bizarría en ebullición, lozanía inmarcesible.
Nos reimos hasta de nuestro desamor enamorado.
Punks y no travestis, libres entre arbustos y alquitrán.

Bromas de antaño trajeron vigilias a duermevela.
La r y la b, la b y la r.
¿No es ironía que sigan en mi alfabeto enquistadas?

MAR DE LOS SARGAZOS
Melena flotante en aquel mi mar de los Sargazos,
Lágrima que no rodó por más mejilla que el océano.
Fuiste la duda entre las dudas, fuco en aguas turbulentas.

Cuando nuestro espolón rozó ese bosque marino,
Tu morada y asilo de penitentes,
La popa vibró en amores.
Allí en medio del infinito de hidrógeno y oxígeno,
Cubiertos babor y estribor de algas,
Abrazados por esos seres de sencillez mistérica,
Nació el corazón frenado en su suave rozar.

Porque era una aventura en el mar de los Sargazos
Cuando recordé tus ojos, oxidados en la memoria,
Y supe que te quería, allí anclada, sirena de mis sargazos.

Fernando Pérez de Blas