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Abrí el libro por la última página
y leí: FIN.
Decidí, entonces, abrirlo por el principio. Pasé varias
páginas de agradecimientos y dedicatorias hasta que llegué
al título: Historia tendenciosa de España. El Siglo XX.
Era el último tomo de una enciclopedia que llevaba varios años
sujetando el polvo en la librería de mi sala de estar, pero que
nunca había cogido por miedo a romper el status quo de mi decoración.
Ojeé el índice y resolví leer el capítulo
6.2. titulado El incidente de Salamanca. Narraba dicho apartado el enfrentamiento
en el paraninfo de la universidad charra (¿por qué no puedo
repetir de Salamanca?) entre Millán Astray y Unamuno. Habia intervenido
el legionario mutilado y llegaba la hora de las palabras del escritor
vasco cuando, de pronto, llamaron a la puerta. Abrí y vi a un hombre
bajito, con barba y gafas que, alzando el dedo índice de su mano
derecha, me dijo gritando:
- ¡Basta ya!
- ¿Quién es usted?
- Soy Miguel Unamuno.
- ¿Miguel de Unamuno? No puede ser.
- Sí, sí puede ser y quite el “de” que ya no
se lleva. He visto lo que estaba haciendo y no he podido resistirme. Como
hizo mi querido Augusto, decidí salirme de esa horrible enciclopedia
para dejar las cosas claras.
- ¿Qué quiere decir?
- Estoy harto de pelearme con Astray, harto de no poder crear un nuevo
pensamiento. Se muere la persona y las palabras quedan ancladas en el
tiempo. Inamovibles, secas, rancias.
- Pero es lo que usted hizo…
- Sí, y lo volvería a hacer, pero tengo muchas más
cosas que decir.
Me quedé en silencio y Unamuno pareció relajarse. Tenía
buen aspecto a pesar de los años que llevaba muerto y, desde luego,
capaz de pensar y escribir como en su mejor juventud.
- Bueno, espero que haya quedado claro. Ah, otra cosa, desde ahora ruego
que me escriban en Garamond. Es mucho más elegante, dónde
va a parar. Ahora debo irme. Tengo que trabajar.
- ¿En qué está trabajando ahora, maestro?
- Una nueva novela, Bruma, se titula.
- ¿La segunda parte de Niebla?.
- No, imbécil. Una descripción realista de este país.
Se llame como se llame.
Dicho esto se dio la vuelta y se fue, oliendo un poco a pacharán,
en dirección al Novelty.
David Barreiro
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