parte primera
(autocontrol)
ride the night
la noche nos lleva en su grupa hasta el fin del mundo
para que los tiempos nos regalen su falsa y efímera gloria.
oscura visión prostituída por vana euforia que nos destruye.
cabalgamos a lomos de la oscuridad para hacernos inmortales,
durante un solo segundo.
después volvemos a ser peleles en manos de Dios.
un sólo segundo de deidad necesario para colmar nuestros sueños.
¿qué harías si fueras Dios durante un segundo?
es tan sólo un suspiro
que luego se esfuma y nos sume en la frustración.
pero seguimos buscándolo, da igual que haya pasado.
somos estúpidos si creemos que volverá.
las nevadas cumbres no nos dejan ver el cielo.
da igual lo que escalemos, nunca llegaremos tan alto.
pero eso no importa.
tenemos el instante y debemos quemarlo al máximo, porque sólo
es uno.
hay luz en lo alto de la montaña.
tan brillante que nos ciega y seca el cerebro hasta que no queda nada.
ahí está lo malo de la suma altura.
prefiero volver al valle, donde no hay ventiscas ni nevadas.
es este valle de hiel el final de nuestro corto periplo por las cumbres
hasta que después de un suspiro, acabamos bajo tierra.
tiempo inhóspito, largo y seco
seco de ideas, seco de actos
sequía.
desierto vacío de despropósitos
castigo solar en forma de desidia
sed vital
causa de muerte
muerte temporal.
vida yerma durante tres lunas
la lluvia con el fin
y el retorno de la vida.
vida para suelo, mente y tripas
tripas que renacen
alguna que torna a latir.
la regla rige de nuevo
y el eje vuelve a su lugar
tiempo perdido
actos sin dueño
angustia por una pérdida
que nada sustituye.
el Demonio y yo jugamos a las cartas
yo me tiro faroles, pero el no se acojona.
las putas cartas están marcadas.
sólo tengo mi insolencia contra él
se ríe y me propone un trato:
dicha en la vida y fuego en la muerte
y yo acepto.
la noche me convierte en sombra.
mientras ando por la calle
me confundo con el resto de formas
nadie puede verme
porque soy la misma oscuridad.
los pobres diablos no se percatan de mi presencia
mientras tanto, me meto en sus mentes
y los corrompo.
quizá los torne
más humanos de lo que eran.
cuando eran visible escoria.
la muerte hace sonar su música de cámara
réquiem interpretado con afilada guadaña
que siega las cabezas de los que viven
y de los que no.
yo la esquivo mientras soy joven
lo haré con años a cuestas
y cuando separe mi maldita cabeza
de un cuerpo corrupto
será cuando esté bien harto.
la lujuria me hace arder
como la madera en la pira.
carne a la parrilla
para satisfacer instintos.
sexo ilimitado
para una rápida combustión.
una enorme hoguera
que se alimenta de incontable brasa.
zumo de indeseables
para intentar sofocarla.
el placer es la bendita perdición
sangre o carne bien hecha.
la ortodoxia me convierte a una religión
una deidad y un solo culto, si es que puedes.
el camino recto es el que a más lugares conduce
y lo hace rebotando en ellos para seguir su curso
de modo que en su rectitud
es absolutamente i r r e g u l a r .
como lo es la puta existencia:
rectitud en el caos.
la velocidad me convierte en bala
una bala perdida
sin víctima ni trayectoria aparente.
rebotando por las paredes
que la lanzan hacia destinos
más o menos duros.
mi rostro se queda atrás
mientras mis dientes se secan.
mucha velocidad
para quizá acabar con alguien
o tan sólo herir.
para empotrarme contra un muro
o para caer al suelo
sin más fuerzas.
para atravesar el agua y así enfriarme
para jamás volver al cañón.
la embriaguez me posee y al mismo tiempo
abre mi mente hacia un nuevo mundo.
el jugo de la paranoia me convierte
en peonza que baja escaleras:
destino claro sin suerte segura.
la sangre bulle al ritmo que la luna marca.
la marea interior dicta mis actos
recorriendo anárquicamente mis venas,
cañerías rellenas de veneno
que es por ahora un humor preciado.
la ponzoñosa mezcla con mi sangre
es densa
quizá pútrida y mal oliente.
me convierte en otro
me desnuda y me hace sentir lo que me rodea
directamente sobre el pellejo.
así que, a pesar del delirio
es la absoluta realidad lo que capto
y miro mi entorno sin encontrar a nadie más
solos lo que me rodea y yo mismo
desnudo y trémulo.
hablo:
de cómo la mediocridad inicia la búsqueda de su dignidad.
la humilde creación es derecho universal al que todos nos podemos
acoger para sacar el arte de nuestro interior. gracias a ello, el legado
crece alimentado por cada uno de nuestros alumbramientos. nuestro derecho
a parir es inalienable. y no importa el número ni su salud siquiera.
sólo importa la voluntad de ser libres, de perdurar. así
fuimos elegidos entre los animales. a partir de estos hijos nos hermanamos
en la búsqueda de la belleza, de la armonía. de cómo
el hombre inicia la búsqueda de su humanidad. de cómo
somos incapaces de tolerar diferencias destruyendo los vínculos
entre nosotros. crear es la única forma de empezar a abominar
la destrucción. el arte no es el objeto, sino su interpretación,
que es múltiple.
parte segunda
(tras las botellas)
la preeminencia del tercer ojo
el del culo tan predominante en tu físico.
por eso quiero penetrar en ti
hasta tus más ocultas ideas
hasta tus más ocultos pliegos
sin saber jamás cuando dejas
de notar mi presencia en ti
tu sexo me excita hasta la locura
devora mi falo
como yo podré devorar tu fresca vagina
arrancaré tus bragas...
(autocensura)
...llena de mi polla
que una y otra vez
penetra hasta tu alma para hacerla mía
devora mi sexo con el hambre que te corroe
con las ganas que en ti proclama..
.
sólo hay sexo en el mundo. es lo más cerca que podemos
estar del mismo Dios, si es que existe el cabrón. no hay forma
de sublimar nuestras almas hasta tal punto que podamos sentirlo. él
no existe. sólo existe la paranoia y su sexo. la alta consciencia
y el hedonismo. la lentitud mata más rápido que el alcohol.
la catarsis es la ebriedad.
estoy borrado. jamás confiéis en lo que
escribí. mucho menos en lo que escribí con Dionisos a
mi lado. la confianza es la muerte de la vida humana. cuanto más
confías, menos independiente eres. me cago en la ortodoxia, me
cago en el saber, me cago en la autoridad que pretende moldearme a su
puto modo. su modo es equívoco, no me dejo. podré tener
o no la razón, pero lo que nunca diré es que tuve la verdad
en mis manos. eso no existe.
Leganés, 1998.
carlos g. torrico