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El comienzo del fin – Dic2006

Y de repente, la consecuencia, esa subida adrenalínica, que no sé dónde me empieza pero que se me extiende hasta las puntas de los dedos. Las causas, siempre dos. Los comienzos y la posibilidad de viajar, sobre todo si es de forma inesperada, porque es como me gusta que ocurran las cosas.

Esa adrenalina es la puerta abierta que deja escapar mis deseos. Esos que uno guarda bajo el abrigo, que ante la imposibilidad de saciarlos, permanecen callados. Y con la eventualidad de satisfacerlos, explotan y se derraman, provocándote todo este abanico de sensaciones.

Los deseos, tan incompatibles entre sí y tan incompatibles con su propia satisfacción. Pues una vez alcanzado el placer, ya no nos queda nada, sino más búsqueda de placer. Que si éste se entiende como fin último, su búsqueda perpetua nos hará caer en hastío y frustración.

Y alguien abre una vez más esta compuerta secreta, un quién que quizás sea la persona que me haya dicho el piropo más bonito. Que si tuviera que perderse con alguien por cualquier rincón del mundo, se perdería conmigo.

Solo ha hecho falta una llamada de teléfono, un lugar y una fecha. Y todo se desencadena, como un incendio.

maliya