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| WESTERN DREAM | ||
| - Aún no he terminado contigo. Esta bien podría ser la frase de una película
en la que, en un extremo de la habitación, apareciera un individuo
postrado, objeto de la amenaza, sujeto paciente e impaciente, sujeto arrinconado
y expectante, y otro de pie, erguido, más alto que todas las cosas
altas, el que profiere el terrible mensaje de “échate en
remojo que voy a por ti”, “aguarda un instante y serás
todo mío”, “espera un tantito y sabrás lo que
es bueno”. El caso es que la frase se me ocurrió mientras dormía y pensaba esto y te pensaba sin quererlo, insospechadamente, porque te creía relegada a los estadios de defensa donde no pueden salir los deseos. El caso es que emerges como un corcho tras las clases de yoga que me autosuministro para no tenerte presente a cada rato. Lo mismo, en vez de corcho, eres un chaleco salvavidas, que también flotan, y no me he dado cuenta, y te recrimino sin saber, y me castigo por no conseguir definirte. La definición es tan complicada…. A lo mejor, o a lo peor, la película de los sueños está por llegar, o no es una película sino más bien un fotograma, o un cuadro, o parte de una canción. “Aún no he terminado contigo”, evidentemente, forma parte de un todo, es una masa informe de palabras que albergan una historia, un remedo de imágenes inconclusas sin relación o hiperrelacionadas. No lo sé. Sólo sé que la oración me sobrevino y que tenía un sujeto enunciador (un supuesto yo) y un sujeto enunciado (aquel al que se refería lo por llegar). Y entonces, como una apisonadora, apareciste en mi duermevela, en mi western dream, y te apropiaste de la historia, le diste un cambio de rumbo, fuiste el punto de inflexión que propicia que todo cambie, que todo se revolucione, alternen los sujetos, los verbos y los predicados. Y aquel que creía que era yo, el vaquero, el mafioso, el maleante chicano que se rebela contra el poder, resultaste ser tú. Y, efectivamente, había dos individuos, uno alzado y otro acorralado, uno altivo y otro sumergido, pero el sexo no era el mismo, no eran dos hombres, sino un hombre y una mujer. Pero lo peor de todo no era eso: a pesar de seguir siendo nosotros había un conflicto de fuerzas, una relación de poder. “Aún no he terminado contigo” evidenciaba que todas las terapias habían sido inútiles, que todas las formas de olvido resultaron inanes, que al final del camino siempre hay una mujer que te exige que te emplees a fondo, que luches, que “ahora mismo estoy contigo”, que “no seas un cobarde, un blandengue, un postrado”, que “levántate de una vez, aún no he terminado contigo”. Y así finalizaba la historia, el sueño, el acceso terrible saliendo de tus labios, la mirada misericordiosa clavada en mis ojos, clamando, cual perro apaleado, un poco de piedad. Unos ojos que decían “me rindo, me entrego, haz conmigo lo que quieras, no voy a ponerte trabas”. Pero de eso nada, no cuelguen todavía el cartel de The end, aún estoy vivo, medio despierto, sabiendo que tú estás al otro lado y buscas un poco de guerra. No me rindo, somos dos y en este duelo al sol quiero morir
contigo. LILES |