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CORTEGANA Y EL JAMON POP: la historia de la música segun …..

Cortegana y el Jamón pop: la historia de la música según

Personalmente, los inicios de la música tienen un comienzo abstracto, aunque el primer recuerdo es en el coche familiar, un SEAT 134 oscuro.
De vez en cuando sonaba alguna cassete de distintas bandas que nos hacían canturrear a todos; a mi hermano y a mi, bailotear en los asientos de atrás, y a mi padre y a mi madre sonreír, aquellos sonidos posibilitaban el cinematográfico momento feliz de las primeras familias democráticas. Aquellos temas eran cintas que con las que traficaban los más rebeldes amigos de mi padre. Bailabamos pues, sin saber, Communication de Led Zeppelín, Cecilia, de Simon & Garfunkel, Come on baby Light my fire de los Doors o el Black is black de Los Bravoss.

La historia de la música es una historia de saltos y flashes.

Me recuerdo delante de la tele de la playa, todavía en blanco y negro, viendo una extraña película de 5 músicos que no paraban de correr de bellas chicas rubias de corta falda. Si bien, la imagen más fuerte de la mezcla del cine y la música que tengo, es la de la scooter de un soliviantado y auténtico mood dejándose caer por el precipicio.

Fue poco después cuando descubrí en el doblado de la casa de mis abuelos en Cortegana, dos viejas cajas de cartón de mi madre con más de doscientos vinilos en ellas. Recuerdo desempolvar el viejo tocadiscos.

En la primera juventud de los ochenta todavía reinaba el formato sexo, drogas, rock n roll, esa fórmula mágica que había conquistado a la música y que pintaba un mundo hedonista y lleno de placeres. La figura de Morrison se engrandeció, Morrisey, no se por qué, no nos llego con su fuerza. Santana era grande por entonces. Los ríos de letras engrandecían el mito, se entrelazaban el cine y la novela. La mala vida, curiosamente, vivía toda junta.

Fue en Córdoba cuando definitivamente empecé a coleccionar CDs, de precios desorbitados, cada unidad era una joya. Los exprimíamos una y otra vez, otra forma de vivir la música, peor, más cara y más escasa, pero llena de pasión y repetición. Los sonidos quedaban, no volaban, calaban, se te metían en la piel, en la cabeza, era normal, canturrear una estrofa durante días.

Carecía de guía, conocer a la música que quería era difícil, no la encontraba, me quedaba en nada. Acudía a extrañas tiendas de ropa con los bolsillos vacíos y con la esperanza de encontrar un Mondo Sonoro que por entonces era única. Era más oscura, negra y rokera.

Sin demasiada orientación me hice con What´s the history morning glory de Oasis, años después me decidí por Blur sin remisión, compre New adventures in Hi-Fi, con la ingenuidad de creer que grandes discos como el previo Automatic for the people eran fácilmente repetibles. También me hice de Avalancha sin saber que El espíritu del vino, hacía tiempo andaba seco. Hice la digestión de mis pesadas comidas de zangolotino, más de una vez, saltando y bailando 7 u 8 canciones, no más, de Rage against the machine. Intenté descifrar, con diccionario en mano, las encriptadas letras de aquella maravillosa música misteriosa que hacían los Smashing Pumpkings. La música llegaba como por goteo, todavía joven también me dejé encandilar por el Lies de los Guns y de su I used to love her by I had to kill her.

Pero como digo, salir de la comercialidad, no era tarea fácil. Por entonces disfrutaba con los amigos las macarras letras de Extremoduro. Lo recuerdo cuando íbamos en coche a las playas de Cádiz a buscar olas, o en Cortegana, cuando en las ardiente tardes de agosto salíamos dispuestos hacia el Puente, un viejo charco escondido cerca de Valdelamusa.
No mucho después vinieron el Atchung baby y el Josua Tree, los dos juntos; cerca el concepto Dinosaur Juniors, el segundo de Los planetas, pop o el Hotel de Morphine.

Primeros conciertos

La Polla fueron grandes en Cortegana, su directo fue salvaje, toda una generación lo recuerda latentes en sus mentes. Una buena amiga actuó aquella noche de gruppie de Evaristo, más adelante hizo lo propio con Jorge, el cantante de los Ilegales.

Y por este vía llega el hito del mito, no lo sé yo, y creo que pocos sepan contar el origen, pero ese grupo asturiano tan lejano y remoto, cerraba bares y discotecas y era un referente de nuestra generación mayor. Los Ilegales eran banda de culto, nadie sabe porque, pero Su tengo un problema sexual, Me sueltan mañana, o Soy un puta, eran conocidos, e incluso sus letras sabidas por la mayoría del pueblo.

La escuela de calor que montó Radio Futura también fue popular, Si me dejas solo, Paseo con la negra flor o La estatua del jardín botánico, eran temas que también gustaban a las niñas guapas y malas.

A mitad de la carrera me fui a Holanda de Erasmus. La sorpresa de un mundo nuevo, las visiones de Portishead, la nocturnidad de Massive Attack, el descubrimiento del Jungle y del Drumb and base. Vi de forma casi fortuita a los primeros Primal Scream en la sala Paradiso, y quedé, impresionado por lo que hacían, y admirador fiel hasta los días de hoy.
Volví aquel verano al pueblo con una pierna en la electrónica, en lo que fueron las vanguardias, que llegaron poco a poco y que reinaron por poco más de un quinquenio. Aunque Radiohead se me quedó, si bien su gran joya, OK Computer, ya hace años que lo abandoné, cansado de tanto escucharlo.

En aquella época empecé a ir por casa de Nane, en la parte baja del pueblo, cerca de la fuente vieja. Nané vivía rodeado. En su alargado y estrecho, en proporción, cuarto, podía quedar aplastado por las estanterías que, como en el previo de una vieja batalla, libros vs. CDs y VHS, se observaban frente a frente.
De allí salía con la saca llena, de sonidos de Blind Melon, de Quadrophenia, de The Velvet Underground, de Bowie, de Neil Young, de Faith no More, de muerte en Venecia, de Quadrophenia otra vez, de Lui Malle y del Ladrón de bicicletas.
En la vida se requieren de amigos y profesores para aprender.

Mucho después en Francia, conocí los Inrokuptibles, pero cuando realmente manejé la vanguardia musical fue con el controvertido Rockdelux, por entonces todavía tenía el aliciente de la intelectualidad y la valentía de enfrentarme al aburrimiento. Pero fue Radio 3, la madre y señora. Sorprendido de inicio con Siglo XXI, comentarios aparte de pataleante contestador, pasando de puntillas por el Boulevard, disfrutando con el Ambigú y escuchando lo mejor y más difícil de encontrar en Sateli3.

Empezaron a funcionar las tostadoras a tope. Juan de forma frecuente me sorprendía con un regalo tan grande, como una caja de diez CDs con sus portadas recortadas y encajadas. Así llegaron los Moldie peaches, Mus, Fenessz, Le tigre, Experience, Caníbal-Ox, The Faint, Saint Ettiene, Mowie, Low y muchos más.
La música en formato digital fue apoderándose de nosotros, poco a poco, como un manto. Fuimos lentamente evolucionando, hasta los día de hoy, en los que se nos sigue suministrando, mismo proveedor habitual, con DVDS con aproximadamente 50 discos.

Y así vamos evolucionando con los altibajos. Adquiriendo por épocas grupos fetiches como Programme, Astrud, Nacho Vegas, Chucho, el primer Chinarro, Los planetas, Migala o Manta Ray, aquellos grupos que nos vienen a visitar al sur de forma asidua y que nos demuestran en directo sus virtudes.

Pero llegó una época no hace mucho en la que creía que la música era un hito de juventud, y la olvidé en dedicación, y dejé de saber quien llegaba y quien salía, me inscribí en sustitutivas revistas económicas y políticas, creyendo que esto era la más normal evolución.

Cuando creí que lentamente me alejaba de la música, como un hombre hace de la mujer que amó y a la que todavía quiere, me veo envuelto en algo que me devuelve a ella, que me hace saldar de algún modo, la cuenta pendiente de no tocar ningún instrumento, y que me hace volver a estar junto a ella, y no me importaría esta vez, gracias al Jamón pop, que sea por muchos años.
Como dice Morientes, “tendrá que haber un camino que me lleve a donde tú estás”

As sandaza