|
||
Madrid. Marzo 2007. El Cuarto
Hombre se tira a la piscina en una pequeña habitación con
cuatro cables y un micro, que parece esperar un tratamiento adecuado y
respetuoso. Pobre lo que tendrá que soportar. Ratos sueltos para
unas canciones imperfectas y antiguas pero esperadas, merecidas también,
claro, parte de una deuda de la que sólo se conoce con certeza
su origen, desde luego no su volumen. El mismo momento por el que una
innumerable lista de seres humanos sostenidos en siete notas ha pasado
cuando la música funciona como retroalimentador de un sistema que
acaba expulsando melodías sin remedio y sin pudor. Quizá
el mismo sentido que mueve a los culpables de montar un festival jamonero
en un castillo perdido de Huelva. La misma estación en la que viven
los que verdaderamente se despiertan por la mañana.
Jerónimo Martín |