Y si todas las teorías estuvieran equivocadas y si no hay evolución
en nuestro devenir y si ese futuro sofisticado que anhelamos solo fuera
producto de nuestra imaginación.
El mundo que nos rodea engaña nuestra percepción a través
de aparentes avances y adelantos que esconden bajo la alfombra nuestra
verdadera posición, esa que se encuentra en el mismo sitio que
antes y que a duras penas ha avanzado.
Miro a mí alrededor y no avanzamos, vamos para atrás como
los cangrejos. Si, somos más altos, más fuertes y más
ricos pero día a día más vacíos y superficiales.
Los valores cambian y me aterra el progreso de esta involución.
Ya no se trata de ser sino de tener y con ello nos despreocupamos de la
esencia de nuestro ser. El fondo se ha quedado solo y es una percha sobre
la que se colocan todo tipo de abalorios que camuflan la verdad.
¿Cómo parar ese vendaval de sin razón, mal gusto
y falta de preparación?
Pocos nos diferenciamos de los animales, si nuestra principal diferencia:
nuestra inteligencia y capacidad de comunicarnos (locuacidad) no es utilizada
en demasía. Conseguimos nuestros objetivos a base de empujones
(igual que en el metro), sin disculparnos ni preocuparnos del mal ajeno.
Gente mal educada y poco agradecida que rebuzna sin parar gruñidos.
El ciber-hombre poco se diferencia del hombre de las cavernas. Todos tenemos
problemas pero nuestra conducta no puede verse supeditaba al tópico
de tener un mal día. Pregunto a un camarero de uno de los cafés
mas ilustres de nuestra ciudad: Disculpe donde tienen el baño,
y ni siquiera se digna a hablarme, solamente un gesto despectivo acompañado
de un giro de su cuello me indican el lugar. Con un “al fondo a
la derecha hubiera bastado”. Pero no, y así es siempre, nos
gusta incomodar y molestar al prójimo. Te sorprendes cuando alguien
te agradece algo frente a las continuas críticas que apabullan
nuestros oídos.
Es necesario que la gente despierte, alce la cabeza y mire a su entorno.
No por que nos hayamos acostumbrado a estas conductas rudas y encallecidas
debemos permitir que la rueda en la que todos nos encontramos siga rotando
y finalmente vuelque.
Y lo peor aún está por llegar, miro a las generaciones que
nos sucederán, esas que tan fácil y accesible han tenido
todo lo que a nosotros nos costó un tiempo, y veo una falta de
sentido común espeluznante. Nosotros no éramos muy maduros
a una temprana edad pero discerníamos lo correcto de lo incorrecto,
respetábamos la figura de las personas mayores y sabíamos
cual era el sitio de cada uno. En definitiva, no teníamos maldad.
Pudimos ser caraduras, golfos y balas perdidas pero no tanto como para
perder la conciencia de unos valores universales. Cada vez hay menos valores,
y más insensateces.
Sinceramente creo que hemos perdido algo en el camino y no lo encontraremos
a la vuelta de la esquina. Es difícil apreciar el cambio y la perdida
de valores tan profunda que acucia nuestra sociedad y las causas que lo
provocan. Quizás un desarrollo acelerado ha llegado a provocar
este infinito retroceso.
Puede que yo también sea un reflejo de este mal
endémico que padecemos y todo lo anteriormente expuesto sea otra
crítica más quejándome sin cesar de todo mi entorno
sin buscar soluciones o tener esperanza en que evolucionaremos en el sentido
positivo que entraña esta palabra.
Francisco Javier Romero Ruiz
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