A veces, cuando te muestras desnuda en mi sofá, dueña
del tiempo y sus fragancias, me preguntas si aún te quiero. Es
entonces cuando me digo a mí mismo que aquella escena ya la he
vivido tantas y tantas veces... Intento responder, hallando silencios
en mi propia carne cuando la golpeo en busca de respuestas, sin que
ningún eco acuda a regalarme un motivo, un secreto, un brillo
de lucidez que me diga si en verdad eres amor o sólo fuego.
Me revuelvo en el sofá, cómodo e inquieto
a un mismo tiempo, porque tu mirada sigue provocando en mí el
mismo efecto que hace años, cuando éramos dos jóvenes
que no pensaban más allá de sus pieles de mundo y mar.
Ese efecto calculado, preciso, que tú conoces, que tú
sabes que transmites a mis entrañas, sin saber el alcance, pero
a punto de atisbar algún que otro resorte del mismo en mis ojos
recién sumergidos en el cosmos de tus muslos.
Y así nos llegamos a la medianoche, abrazados,
confusos, preguntándonos quién tendrá el valor
para romper de una vez por todas con lo nuestro. Y el efecto de tu pregunta
sigue calando hondo en mis manos, sigue latiendo bajo mientras decidimos
repetir el amor hasta encontrar algún día el seto transparente
que nos desvele la verdad de este laberinto.
Xurde Portilla Lejarza
13-09-2006