SIN TÍTULO
En la noche del jueves, a las 2:30 de la mañana,
instigado por unos conocidos alcohólicos
y con algunas copas de más;
me dispongo a tomar el decimoprimer ron con cola en un bar de alterne.
Y en el antro indicado,
a la luz de una vela,
termino sentado junto a una diosa de luz,
de cuerpo glorioso y piernas de ébano,
de mirada cálida y gesto ausente.
En la televisión emiten “Pretty Woman”
con Julia Roberts al fondo;
y la chica me habla de la salvación de la mujer convertida en princesa
y de un padre tirano y septuagenario
y de unos hermanos pequeños que necesita mantener.
En la mesa de enfrente,
a la luz de otra vela,
un hombre habla con una chica mulata;
y en su mirada perdida,
en su gesto abatido
se puede intuir la búsqueda ferviente de un anhelo:
seguramente el encuentro de la pregunta final.
En la hora pasada,
en el tiempo cumplido,
acabo por comprender que es mi imagen reflejada en el espejo:
la imagen de un joven prematuramente envejecido,
que como la mujer de su lado,
sólo busca la salvación.
Al día siguiente llamo a Berenice,
y comparto con ella la tarde,
la fuga de los barcos en las orillas del Cause Way,
las últimas luces del día en la Bahía de Panamá
y finalmente caigo en sus brazos
como manera de ganar la vida o perderla para siempre.
Quedamos mirando la noche,
el paso de los trasatlánticos por el canal,
el color de las gaviotas reflejadas por los faros del puerto;
en mi cabeza se funde
la imagen angelical de mis padres,
el recuerdo de un invierno,
la brisa del viento en un día de mi niñez,
los fulgores de otra época.
Deseo volver a España.
(No quiero volver a España)
Miguel Rico Varadé |