EL CONFLICTO DEL CONSTRUCTO INTELIGENCIA EMOCIONAL.
Hay una nueva disciplina surgida para ayudarnos a superar los retos psicológicos del nuevo siglo. La Inteligencia Emocional llega a nuestras vidas gracias a su principal gurú Daniel Goleman. Desde esta amena obra “Inteligencia Emocional”, Goleman promueve un surgimiento del trato de las emociones como herramienta para una vida mejor. El control emocional es en esta materia el objetivo al que todos aspiramos para una vida plena, llena de éxitos sociales y personales y consecuentemente, el control de nuestros destinos, el sentido de la vida.
Nuestro reducto cerebral animal echa al traste nuestro control gracias a la amígdala, que nos secuestra obnubilándonos y convirtiéndonos en lo que no somos. El control de esas emociones, la erradicación de ese puente primigenio que se antepone al raciocinio de nuestra corteza cerebral en el lóbulo frontal, se nos hace indispensable para sobrevivir en un mundo como el del siglo 21. es curioso que lo que nos hiciera sobrevivir en el pasado nos esté perjudicando en el presente.
La psicología se ha alzado escéptica ante este nuevo constructo al que tachan de reinvención de la psicología de la personalidad, aquella que como ésta procura estudiar y fomentar la asertividad y el equilibrio emocional. Si ya el constructo Inteligencia se apoya en débiles pilares no digamos ya uno de nuevo cuño como el de la Inteligencia Emocional.
Sin embargo, hay algo en lo que no ha reparado la psicología al reaccionar contra esto. Y es el no cerciorarse si la IE es o no psicología propiamente dicha, algo estrictamente responsabilidad de su campo que puede valorar desde sí misma. La IE no es una reinvención de la psicología de la personalidad, no es un relanzamiento con las mismos contenidos de esta parcela de la psicología.
La IE es una auténtica oportunidad, un punto de encuentro entre Psicología, Antropología y Sociología, formando parte a la vez de todas y ninguna. Por supuesto es valorable desde todas sus perspectivas, pero también lo es su capacidad de convocatoria.
La parte de la Psicología que la forma ha trascendido sus límites para llegar a formar una entidad común con las otras disciplinas.
No se está creando una nueva materia, pero sí un nueva entidad en ese sentido; cuya característica más importante no es la novedad sino la “multidisciplinaridad.” El mundo actual está comenzando a apartarse de la excesiva especialización. El Big Bang de nuestro conocimiento se está invirtiendo. La especialización nos diluye a nosotros y a nuestro conocimiento, por eso no reconocemos el mundo que creamos, ni podemos poner remedio a su violencia. Es posible que la respuesta no sea una sola, sino todas a la vez, juntas y coordinadas.
Esa es la intención de la IE, un intento de conciliación de las ciencias del comportamiento humano. A ella se unirán pronto la Historia, la Filología, las Matemáticas, la Física...
La Ilustración vuelve hacia nosotros. Ahora sí estamos preparados, tenemos el conocimiento suficiente. Por supuesto que hay que seguir estudiando en la especialización. No se trata de acabar con un modelo, sino de sofisticarlo en términos constructivistas. Los modelos de conocimiento vertebradores deben incluirse y enriquecer nuestros sistemas.
La realidad no se va a desentrañar desde ramas de la ciencia tan alejadas. La tendencia se dirige hacia la conexión, como pasa con Internet.
La Red es solo el primer ejemplo de urdimbre o Gestalt a la que se tiene acceso completamente, siendo en sí misma más importante que todos los equipos que la componen.
Por eso es posible que la IE sea más que un mero constructo a imitación de una materia.
Carlos Gustavo Torrico Martín
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