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Los colores del Madrid-Barça. Son tres, el blanco, el blau y el grana. Mejor dicho, son cuatro. El verde es el que más impresiona. Cuando nada ha empezado y esa alfombra espera a veintidós tipos entregados a una Historia, unos más que otros, pero todos responsables ese día, el verde impresiona. Por su tamaño, por su silencio ante 80.000 gargantas. Por que allí se romperá la paz en unos minutos y millones de personas querrán participar. Porque es perfecto y bonito, porque antes de que nada ocurra, ocurre la imaginación y el deseo. O el sueño, como lo suelen llamar. Y no el de un niño de 10 años. Los colores en el fútbol sólo son para niños sin DNI. No sabría decir quien sueña más estos partidos, si el futbolista o el aficionado que guarda lo mejor de sus diez años. Lo empiezan a soñar el martes un poco, pero el mejor día, sin duda, es el viernes. Termina la vida de adulto, salen los colores.
La vida en blanco y negro sólo es cosa de los clásicos del cine. De fotógrafos impagables también. El fútbol así es cosa de nostálgicos, de viejas copas, de abuelos o padres chicos, que sin embargo siempre vieron a los grandes a todo color, y por un color, o unos colores, se emocionaron de verdad. Por eso llegan estos partidos y las primeras generaciones del siglo XXI asisten entre sorprendidas y dichosas a la celebración de centenarios casi religiosos. El centenario de una camiseta, nada menos. Y entienden pronto que el club de la ciudad no es cualquier cosa en sus vidas, por mucho que se empeñen los modernos. Lo entiende también el que detesta el fútbol, o el que sólo ve otros colores en él que no son los del juego.
Los de la política, por ejemplo. Pasa mucho en estos partidos. En el Camp Nou la televisión muestra al mundo una apoteosis nacionalista sin igual en el calendario catalán. La Diada un chiste al lado de esto. Y da la sensación de que ni un solo niño de diez años o de 50 queda al margen de esas bandas rojas y amarillas. En el Bernabéu es distinto. Sube la fiebre españolista, es verdad, pero en el fondo es cosa de esos nazis que cantan “Qué viva España” cuando no pasa nada en el partido. El resto quiere que gane el Madrid sólo por un color. Ese día sólo hay uno, el blanco, sinónimo de fútbol, de goles, de gritos, de puros que apestan y corazones que sufren. Y en el fondo, es lo mismo que una vez empezado el partido, siente el socio y seguidor culé. ¿Quién piensa en Cataluña cuando Zidane te mete uno en el minuto 7 y Owen un cuarto más tarde?. ¿Quién piensa en la causa mayor cuando E´too se mete entre tres blancos y hace el milagro ante Casillas? ¿Realmente en qué piensa la gente?. No es política, ni violencia, ni machismo cervecero. Es pasión por el mejor juego del mundo. En estos casos, lleno de color y otras mil cosas. En el campo se saturan los sentidos y los pulsos. Esta vez el dato, los seis puntos. Inconfundible Madrid-Barça.
J.Martín
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