ESE NO SOY YO.
Hace unos días sufrí un accidente de coche, por suerte, no me ha sucedido nada grave,
sólamente unos rasguños. La mayoría de los daños han ido a parar a mi coche que ni
siquiera es mío. Debería sentirme feliz por resultar ileso de tan brutal accidente, pero la verdad es que tuve una extraña sensación durante el siniestro. Sé que la situación de verse abocado a una muerte segura es extraña, pero más extraño aún fue lo que sentí mientras intentaba inútilmente controlar el coche y este se dirigía directamente contra uno de esos muros que sostienen los puentes. Sentí o vi, no sé cómo explicarlo, con unos segundos de antelación, cómo mi cuerpo atravesaba el cristal delantero del coche y después rodaba por el suelo. Supe en ese momento que estaba perdido y no podría ver de nuevo la luz del sol. No se trataba de un presentimiento, ya que estaba sufriendo en mis propias carnes el accidente antes de que efectivamente se hubiera producido.
Perdí el conocimiento y cuando abrí los ojos me encontraba tendido en la cama de un hospital, con un fuerte dolor de cabeza como si mil agujas se clavaran en mis sienes y los brazos y piernas completamente magullados. En un primer momento no recordaba porque me encontraba allí, pero al tocarme el vendaje que llevaba en la cabeza volvió a mi la extraña sensación sufrida en los momentos previos al accidente. Se trataba de una horrible sensación: experimentar el dolor antes de que se produzca.
Durante el tiempo que pasé en aquel hospital todas las noches sufría extrañas pesadillas en las que asesinaba a gente, provocaba accidentes de tráfico, me veía envuelto en múltiples peleas, cometía atracos o simplemente entraba en casas ajenas con el único propósito de romper y revolver cosas. Sé que soy yo el que hace todas esas cosas puesto que el protagonista de un sueño que estoy teniendo no puede ser otra persona excepto yo.
A lo largo de una semana, noche tras noche pasaba lo mismo, imágenes espantosas, escenas grotescas y desagradables venían a verme, me encontraba dentro de una película de la que no quería ser su protagonista, y al despertar mi cuerpo se sentía cómo si hubiera caído desde lo alto de un campanario. Las escenas en las que me veía inmerso durante el sueño me resultaban a la vez ajenas y excesivamente reales, en una ocasión soñé que me encontraba estrangulando a un hombre que conducía un coche. La vida de aquel pobre viejo se escapaba entre mis manos y yo no sentía nada mientras que el coche se dirigía sin control frente a la verja de un colegio. Al despertar me había vomitado encima. Nada agradable.
Pensé que todo aquello terminaría en cuanto me dieran el alta médica y dejaran de atiborrarme de calmantes, suero y somníferos, pero la pesadilla no había hecho sino comenzar...
Finalmente, los médicos me dieron el alta y me dijeron que salvo los dolores de cabeza y los continuos mareos al despertar que durarían durante un par de días más, físicamente ya me había repuesto, pero sabía que algo en mi interior no funcionaba.
En cuanto llegué a mi casa, llamé a mis jefes para contarles lo sucedido y excusarme por mi ausencia durante esa semana. Los cabrones se mostraron muy conformes con la idea de que me tomara otra semana de vacaciones para ponerme al día.
Tras pasarme catorce horas durmiendo plácidamente, me desperté como nuevo, sin ningún tipo de dudas sobre mi perfecta recuperación y como me encontraba de buen humor decidí trabajar un poco. Escribo una columna diaria en un periódico de tirada nacional, así que me puse a echar un vistazo a la prensa de esa semana en la que mi único contacto con la realidad era lo poco que me contaba la enfermera que me traía la comida y que me daba un poco de conversación.
Al principio, de modo automático, sin prestar la menor atención, iba pasando las paginas de cada uno de los periódicos hasta que en la sección de sucesos del tercero que estaba leyendo vi una fotografía que me dejó sin respiración durante unos segundos. Se trataba de un accidente de circulación, un coche se había empotrado contra la fachada de un colegio, tal y como sucedía en mi sueño, se trataba del mismo coche y el mismo colegio. ¿Cómo era posible que algo que había soñado pudiera haber ocurrido en realidad?. Comencé a leer el pie de foto, decía que el conductor había muerto en el impacto y señalaba el nombre del difunto. Lo conocía, era el casero del antiguo edificio donde vivía. Muchas preguntas atravesaban mi mente, sin encontrar una respuesta lógica. Volví a releer los diarios detalladamente, uno por uno, una sospecha me rondaba y no quería que se confirmara.
En los periódicos encontré una respuesta que me provocaba enormes dudas y preguntas, las horribles escenas que había sufrido durante todas las noches de mi convalecencia habían sucedido en verdad. Estaba viendo fotografías que recogían el resultado de mis pesadillas. Asesinatos, robos, agresiones, incendios y habían azotado la ciudad durante esa semana, las personas que vivían para contarlo no sabían explicar lo ocurrido, la policía no le daba importancia al asunto como si fueran hechos aislados y lo calificaba como una mala racha pero yo era el único que sabía que estaban relacionados y que aquello iba a ser un problema. De algún modo había sido testigo de aquellas atrocidades y no llegaba a comprender cómo podía conocer pequeños detalles que ni siquiera conocía la policía. En un primer momento pasó por mi cabeza la idea de acudir a la comisaría más próxima para relatarles mis extraños sueños, pero el más que probable hecho de convertirme en el sospechoso número uno, acompañado del mal menor de que me tomaran por loco hizo que abandonara tal idea.
Una sensación de intranquilidad había invadido mi cuerpo, los sentimientos que afloraban viendo esas horribles fotografías no me dejaban estar quieto ni un momento. Necesitaba aire y no pensar lo más mínimo en lo sucedido. Llevado por un repentino
impulso salí de casa y comencé a andar sin pensar en la dirección que tomar. Desde el accidente he adquirido cierta fobia a los coches y en general a cualquier medio de transporte que yo no pueda controlar. Era casi de noche y hacia frío pero mi cuerpo y mi mente parecían encontrarse en otro sitio. Durante dos horas había estado caminando sin rumbo fijo, procurando dejar mi mente en blanco. De repente, desperté de ese letargo en el que me veía inmerso, me hallaba en un sitio conocido, era el parque que hay junto al muro donde volví a nacer. Lo observé desde la distancia, sin pensar en lo que podría haber sucedido durante el accidente. Fue entonces cuando alguien dijo mi nombre, en un primer momento no me percaté, lo había escuchado pero no lo había oído, no le di importancia. Me encontraba en un parque oscuro, a medianoche y la temperatura no era la más agradable. ¿Qué persona que me conociera podía encontrarse precisamente allí y a aquella hora?. Así que, perdido en mis tribulaciones, seguí caminando y de nuevo volví a escuchar mi nombre.
No se trataba de una voz conocida, y por un momento pensé que ni siquiera era una voz humana. Giré la cabeza en busca de mi perseguidor, pero no encontré nada y proseguí mi camino. No había dado todavía dos pasos cuando escuché otra vez mi nombre y la misma voz que me decía: - Por fin te encuentro. Llevaba tiempo esperándote -.
Un súbito escalofrío subió por mi espalda y las manos comenzaron a temblarme, no sé porque, sería el miedo a lo desconocido. No tenía el suficiente valor como para darme la vuelta. Era una voz fría, de ultratumba, monótona, seca y cortante, capaz de helar la sangre del más valiente. Podría decirse que se trataba de una voz desagradable.
En ese instante decidí girarme sin saber lo que me esperaba, cuando encontré frente a mí una silueta oscura, de mi altura e igual a mí. Era como el negativo de una foto de mi cuerpo. Pero, ninguna sensación de terror se apoderó de mí, no me sentía como Hamlet cuando se le aparece el fantasma de su difunto padre sino todo lo contrario, como si fuera alguien conocido, como un amigo de la infancia al que hace mucho tiempo que no ves.
Comenzó a hablar con una voz tranquila y, sin apenas mover los labios, me dijo: - Seguro que ya has tenido noticias mías -.
Me hablaba con tal confianza y soltura que la necesidad de saber frente a quién o qué me encontraba estaba desapareciendo, por lo que respondí secamente: - No sé quien eres ni tampoco de que me estás hablando -.
Aquel farol de ignorancia fue suprimido con la carcajada más terrorífica que jamas en mi vida había escuchado.
- Eres tan despistado - prosiguió segundos después de aquella explosión de hilaridad. - Pasas por la vida sin prestar atención a tu alrededor, no intentas destacar nunca y aún no te has percatado de lo que te ha sucedido. Por eso ahora estoy aquí hablando contigo. La respuesta a la pregunta de quién soy solo tú la sabes. Pero, lo peor de todo es que ni siquiera te has dado cuenta -.
-¿Darme cuenta?. ¿De qué me he tenido que dar cuenta? - repliqué con la mayor rapidez posible.
En ese instante, se movió hacia un lado y por un segundo lo perdí de vista. ¿Dónde se había metido?. De pronto algo me había agarrado el brazo por detrás, era Él. Tiraba de mi con una fuerza sobrenatural y no podía resistirme, sentía como si mi brazo empezara a congelarse. Enseguida nos encontrábamos debajo de una de las farolas del parque, frente a frente y aquella sonrisa cínica que mantenía sin cesar no dejaba de inquietarme.
- Mira al suelo -. Dijo con tono dictatorial.
Mi vista se dirigía al suelo sin saber lo que estaba buscando, no comprendía cuál era su propósito cuando aterrorizado me di cuenta de que faltaba algo.
- Pero, y mi sombra. ¿Dónde está?.- Grité sollozando, como el niño que se ve privado su juguete más preciado.
- Exacto, tu sombra.- dijo con absoluta naturalidad. - Esa es la respuesta a todas las preguntas que circulan por tu cabeza -.
Trataba vanamente de atar cabos a fin de encontrar una salida en aquel laberinto en el que me encontraba.
- Pero, entonces... - inicié una frase cuyo final todavía no había pensado cuando interrumpió mis pensamientos al decir:
- Yo soy tu sombra. He vivido contigo durante todos estos años y te he servido fielmente. He visto tu forma de actuar en distintas situaciones y lo que en realidad pensabas al comportarte de ese modo. Por eso quiero actuar y tomar las decisiones. Lo de esta semana no ha sido más que el principio -.
- Así que ¿Has sido tú el que ha realizado todos esos crímenes que han aparecido en los periódicos?- pregunté afanosamente con el interés de querer saberlo todo.
- Por fin veo que comienzas a entenderlo todo -, respondió.
Lamenté haber realizado esa pregunta, pero ya sabía con certeza que las pesadillas que tuve durante mi estancia en el hospital no eran tales, sino que estaba viendo todas las fechorías que mi sombra, una vez separada de mí, había decidido emprender.
Las preguntas se sucedían en mi cerebro a un ritmo desenfrenado. - Dime. Ya que lo sabes todo, ¿Cómo es posible que alguien pueda verse privado de su sombra?. No sabía que pudiera perderse. Pero, ¿De qué forma hemos podido separarnos? -.
- Sé lo mismo que tú - , objetó desinteresadamente ocultando sus verdaderas intenciones.
Pensaba , una y otra vez, que todo aquello no me podía estar sucediendo, me encontraba dentro de una de esas horribles pesadillas. Todo debía tener un origen. Revisé mentalmente todo lo acaecido durante la semana del accidente. Fue precisamente el accidente el que había provocado todo esto. Toda esta locura se había iniciado hace una semana cuando sufrí ese maldito accidente. Vino a mi mente, en aquel momento, la extraña sensación experimentada segundos antes del siniestro, cuando mi coche aún no se había empotrado en el muro y yo sentía en mi cuerpo cómo atravesaba el cristal delantero. Fue entonces cuando se produzco la separación entre mi cuerpo y mi sombra.
- ¿Sabes? – interrumpió aquel flujo incesante de ideas que embargaban mi mente –. En el fondo me alegro de que estés aquí, ya que de lo contrario hubieras sido lo suficientemente tonto como para haber acudido a la policía - . De nuevo empleaba ese tono de superioridad.
En cada momento, mi sombra parecía saber cuál iba a ser mi próximo pensamiento o acto. Se había separado de mi cuerpo pero parecía anticipar todos mis actos.
- Tuve la idea de ir a la policía pero quería esperar hasta que encontrase una explicación lógica que justificara lo sucedido -. Repliqué.
Era el momento de reaccionar, sin dejar que retomara el mando de la conversación y llevado por un arrebato de osadía poco frecuente en mí, le pregunté por la cuestión principal de nuestro encuentro: - ¿Por qué me has buscado? ¿Qué es lo que pretendes?- .
- Tengo algo que proponerte -, respondió como si tuviera desde hace tiempo esa respuesta preparada. – Quiero que volvamos a unirnos y que yo sea el que tome las decisiones. Antes de que respondas a mi propuesta, te recuerdo que tu situación no es nada cómoda puesto que no tienes sombra, ¿Cuánto tiempo crees que tardará alguien en fijarse que no tienes sombra?. No podrás ocultarlo. Serás un monstruo para el resto de la gente -.
- Quiero recuperar mi sombra pero no a cualquier precio, no quiero que tú decidas. He visto durante toda esta semana lo que eres capaz de hacer y no me atrae mucho la idea -. Repuse estableciendo mis condiciones.
- ¡Deja que yo lleve el control! -. Gritó imperativamente para a continuación volver a emplear esa voz monótona y tranquila. – En el fondo soy lo que siempre has querido ser, en tu interior siempre has deseado sacarme a la luz con todas las consecuencias. Durante toda tu vida te ha tentado la idea de hacer el mal y ahora te ofrezco la oportunidad de que lo hagas. Todo lo que he hecho ha estado siempre en lo más hondo de tu ser o acaso no querías reventarle la cabeza a aquel profesor que te hizo la vida imposible o a ese casero tan insoportable que tenías, siempre te atrajo la idea de estrangularlo en el ascensor. Y ahora, al liberarme lo he hecho para ti. Sé que no ha sido de la misma forma pero el resultado era el que anhelabas -.
Al oír esas palabras me sentía como un tren que comenzaba a descarrilar. Intentaba inútilmente no perder el control pero aquello se me escapaba de las manos. Quería ponerle en su sitio pero no encontraba las palabras. Todo lo que dijo me había dejado completamente estupefacto y paralizado, cuando de mi boca salieron las únicas palabras que alguien en mi situación hubiera dicho: - ¡ Calla, monstruo!. No tienes ni idea de lo que estás diciendo. Tú no me conoces ni sabes lo que pienso. ¿Qué o quién te da derecho a decir esas cosas? -.
- Me parece que hay alguien aquí que está muy equivocado. Puedo ver a través de ti. Eres como un libro abierto. Nunca improvisas nada, nunca pruebas cosas nuevas. Eres tan previsible -. Prosiguió con su filípica. - Yo soy tú, es más, soy tu ser interior. Tu auténtico ser, tu esencia -.
- Ese no soy yo. Tu no estás vivo, no eres una persona, ni siquiera sé qué coño eres. Cometes todos esos actos con absoluta frialdad, porque no tienes algo por dentro que te dice lo que está bien y lo que está mal -. Exclamé con la intención de que aquel demonio no volviera a hablar nunca. - Sólo quieres que yo sea un pasatiempo para ti. Pretendes la maldad absoluta, ya que como no puedes sentir todo el daño y el dolor que provocas, quieres que nos volvamos a unir para que puedas percibirlo a través de mi cuerpo -. Finalmente había descubierto su verdadero propósito. Las cartas ya habían sido puestas sobre la mesa.
De nuevo volvió a interrumpirme cuando dijo:
- No pierdas tanto tiempo pensando qué soy o lo que motiva mis intenciones. Ni siquiera yo lo sé. Soy lo mejor y lo peor de ti al mismo tiempo. Soy tus anhelos, necesidades, recuerdos y fracasos. Todo eso y mucho más -.
Toda mi frustración salió a la luz a modo de confesión cuando dije:- Siempre he pensado que todo en este mundo tiene una explicación lógica pero lo que está sucediendo me sobrepasa. No puedo llegar a entenderlo -. Pese a que me tenía en la palma de su mano no iba a rendirme.
- Además, tu no eres nada sin mí -. Repuse con la intención de defenderme atacando.
- ¿Nada? -. Preguntó irónicamente cuando volvió a brillarle en la cara esa maldita sonrisa. - Y todo lo que he hecho ¿Crees que he necesitado de tu ayuda?. Lo único que quiero es compartirlo contigo. Únete a mí y deja que yo decida. Veras como es más divertido -.
- ¿Más divertido? ¿A qué te refieres? -. Pregunté extrañado.
- Mírate -. Comenzó a hablar mi sombra.- Vives solo, no tienes ningún amigo ni tampoco familia, tu trabajo es aburrido. Puede decirse que eres un fracasado. Te ofrezco la posibilidad de que vivas una vida más plena, llena de emociones y diversión...
- Y de asesinatos y crímenes -. Le reproché antes de que hubiera terminado.
- Eso lo has dicho tu, no yo -. Me contestó con la frialdad propia de un psicópata que hace recuento de sus innumerables víctimas. — Te ofrezco la posibilidad de ser un Dios, poder hacer lo que te plazca y tu sólo te preocupas de la ínfima cuestión moral del bien y el mal -.
Una furia irrefrenable comenzaba a surgir en mi interior, pero debía mantener la cabeza fría y serena.
- Pero, ¿cómo no te puedes dar cuenta de las atrocidades que estás cometiendo?. Eres un ser inhumano. Sé de ciencia cierta, por las pesadillas que tuve, que cuando matas a alguien no sientes nada, ni alegría ni tristeza. Eres como una máquina, careces de sentimientos, cuando ves algo o alguien que no te gusta acabas con él. Incluso si consigues que nos volvamos a unir, evitaré por todos los medios que hagas el mal y sigas matando gente -.
Aquél al que me enfrentaba de nuevo volvía a hablar: - ¡Qué inocente eres!. El bien ya no está de moda. Todo el mundo roba, asesina, estafa y miente. Cada uno a su escala. No hay ni un hombre bueno en este lugar. Todo el mundo tiene ese momento de flaqueza en el que se replantean sus convicciones y deciden pasar a la acción con el fin de abandonar el rebaño. El mundo está lleno de ovejas negras y tú no eres una excepción. La gente se ha dado cuenta de que ahí arriba no hay nadie y no deberán purgar sus culpas una vez hayan muerto.
Durante unos segundos estaba viviendo una guerra civil en mi cabeza. Necesitaba salir de allí y alejarme de aquel monstruo. Multitud de ideas atravesaban mi mente. No sabía qué hacer ni qué decir. Quería recuperar el control de una vida que hace pocos días era muy tranquila. Para acabar con ese infierno debía terminar con ese lado oscuro que no conocía y con el que desafortunadamente me había encontrado.
Mi sombra comenzó a andar alrededor de mi y, mirando con desdén, dijo: - Sé lo que estás pensando. ¿De qué forma puedes acabar conmigo?. Intenta pegarme, matarme o lo que quieras que será inútil. Mientras esté fuera de ti, puedo hacer cualquier cosa. Soy intocable, no siento el dolor, no necesito comer ni dormir. En resumen, soy el criminal perfecto -.
Cada vez que adivinaba mis pensamientos me desconcertaba enormemente, debía mostrarme indiferente ante el amplio conocimiento que tenia de mí. Así, le objeté: - Yo soy dueño de mis actos y también puedo hacer lo que me dé la gana, aunque creas que me conoces perfectamente y sabes cómo voy a actuar en cada momento. No lo olvides -. Por fin comenzaba a crear incertidumbre en su impenetrable rostro.
Prosiguió diciendo: - Te he hecho una proposición, la decisión es sólo tuya. Pero en el caso de que no aceptases en volver a unirte a mí, yo seguiría llenando las páginas de sucesos de los periódicos y si decidieras huir, te buscaría hasta el último rincón del mundo para acabar contigo. Asimismo, puedo tomar medidas menos drásticas, como el chantaje, si no aceptas mi propuesta voy a inculparte mediante pruebas falsas de todos los crímenes que he cometido. Incluso si llegaras a contarle todo esto a alguien te tomarían por loco y acabarías en un centro psiquiátrico. Así que hermano no tienes otra escapatoria -.
Necesitaba acabar con esa conversación, para ello pensé que mostrándome firme y cerrándome en banda respecto a sus propuestas ganaría algo de tiempo, por lo que repuse con voz tajante:
- No voy a cometer esos asesinatos, no voy a dejar que tu decidas, así que te las tendrás que apañar solo -.
- Esa es una opción válida -. Mi sombra recuperaba su tono de voz más tranquilo y no tan agresivo de los últimos minutos. - Pero no es la correcta. Al mismo tiempo que me temes, también me admiras. Durante todos estos años siempre he estado en tu interior, y tu lo sabes. Con esa respuesta estás renegando de tu propia naturaleza. Sé que todo lo que está sucediendo es demasiado insólito y ni siquiera yo llego a comprenderlo. Por eso, hagamos una tregua. Te dejaré que lo pienses hasta mañana por la tarde y yo no haré nada hasta ese momento, pero si no te presentas para darme una respuesta, volverán a sucederse los asesinatos. Sé que tu decisión será acertada -. Sentenció mientras se perdía en la oscura nocturnidad del parque sin que mi vista fuera capaz de seguir su rastro.
Mientras regresaba caminando a casa, intentaba reconstruir mentalmente todo lo que había escuchado en la más increíble conversación que en toda mi vida había tenido. Una y otra vez repasaba sus palabras, buscando, como se busca a oscuras en un armario, algo que pudiera darme una solución a mis problemas.
Cuando llegué a casa, aún seguía estrujándome el cerebro pensando en lo que debía hacer. Una cosa tenía clara, tenía que acabar con aquel demonio que disfrutaba de la situación como si se tratara de un juego. Tenía la obligación de terminar con él, al precio que fuese, deprisa y sin pensar en las consecuencias.
No podía excederme del plazo que me había concedido puesto que volvería a asesinar y la gravedad de sus actos iría en aumento. Me sentiría responsable de todos los nuevos crímenes que mi sombra pudiera llevar a cabo. Todo con el único propósito de volvernos a unir para que él dirija mis pasos. Las horas se sucedían sin encontrar una salida a aquel callejón en el que me encontraba.
¿Qué era lo que me estaba sucediendo?. ¿Acaso no podía ser fruto de mi mente?. Cualquier persona puede perder el juicio si pasara por la misma experiencia que yo había tenido. ¿Me estaba volviendo loco? . No encontraba respuestas a aquella sucesión de preguntas. La realidad era que, por un lado, se habían producido una serie de crímenes a lo largo de la semana en que tuve el accidente, y por otro lado, que yo había perdido mi sombra. Pero, ¿Y el resto?. Las pesadillas, el encuentro con mi sombra, todo lo que me había contado sobre mi ser interior era tan insólito e inexplicable que llegué a pensar que todo lo había inventado yo.
Finalmente, decidí irme a la cama para dormir un poco y procurar no pensar en nada. No pude conciliar el sueño hasta que comenzó a amanecer, las escenas de mis pesadillas volvían a mi mente una y otra vez.
Me desperté a mediodía con un apetito voraz y todavía sin una respuesta concreta. Tras un copioso almuerzo y una relajante ducha vi las cosas de otro modo. La solución a todos mis problemas estaba en mi mano y sólo de mí dependía que lograra mi propósito. Para tomar aquella decisión crítica debía confiar ciega y plenamente en mis convicciones sin pensar por un solo instante en que aquel maldito diablo pudiera lograr con éxito su objetivo. Comencé a prepararme para el encuentro con mi destino. No podía dejar nada a la improvisación, debía repasar todo hasta el mínimo detalle pues de lo contrario me vería sujeto a las manipulaciones de mi sombra.
Salí de mi casa como alma que lleva el diablo. Mientras caminaba iba repasando continuamente todo lo que debía hacer y decir. Ya estaba llegando al lugar de la cita, pero aún faltaban algunos minutos para que él apareciera. Ese era el momento antes del momento. Todavía no sabía qué es lo que iba a ocurrir. De repente y sin hacer ruido mi sombra apareció de la nada, permaneció quieta y de nuevo su brillante sonrisa le iluminaba la cara. Empecé a acercarme a él, tratando de mantener la cabeza fría y con la tranquilidad que el estudiante aplicado exterioriza a la hora de presentarse a un examen.
Ninguno de los dos dijo nada. Había sólo un camino que seguir. Estaba escrito. Corté el silencio reinante diciendo: - He decidido que volvamos a unirnos, pero con una condición, no debes tomar enseguida el control. Tengo algo que mostrarte -.
En un primer momento sonrío, él sabía que a partir de ahora nadie podría detenerlo. Por fin conseguiría su propósito. Pero, después vi como por un instante le había temblado aquella terrorífica sonrisa. ¿Tendría miedo?. O ¿quizás sabía lo que yo estaba planeando?.
Pensé que en ese momento éramos las únicas personas del universo y que nadie iba a saber lo que estaba a punto de acontecer.
- ¿Estás preparado? -. Dijo él, con su acostumbrado tono dirigente.
- Mucho más que tu -. Respondí con seguridad.
En ese momento se abalanzó sobre mí y volvimos a ser uno solo. Miré al suelo y vi como se formaba de nuevo mi sombra, aquélla que tantos problemas me había provocado. Con tono desafiante dije: - Ahora voy a demostrarte lo listo e imprevisible que soy. Pensabas que te saldrías con la tuya -. Me hubiera gustado ver la derrota en su rostro.
Inmediatamente me abrí la chaqueta y con gran celeridad cogí del bolsillo el mechero que allí tenía y fue entonces cuando me prendí fuego en la camisa. Sabía que le había vencido, que pese a todos mis defectos y errores había encontrado una salida a aquella pesadilla. No sabría cómo explicar que mi sombra no se daría cuenta de que llevaba la camisa impregnada en alcohol, pero era algo que había sacado de mi anterior encuentro con él. Estando fuera de mi cuerpo era intocable, carecía de sentimientos. Por ello, la única forma de hacerle daño era engañarle para que volviéramos a unirnos y entonces sería vulnerable de nuevo. Estaba acabando con mi vida pero al mismo tiempo terminaría con aquel demonio que había salido de mi interior. Ese era el momento en que podía acabar con él, por suerte, mi sombra estaba tan emocionado con la idea de tener el control sobre mí y poder hacer el mal que no prestó atención al detalle de que la camisa estaba húmeda.
Cuando estaba a punto de saber lo que es la muerte y deshacerme por fin de mi bestia interna, la gente que había cerca corrió en mi auxilio para rescatarme de mis anheladas llamas. Pese a todos mis esfuerzos, no había podido culminar mi propósito, no había tenido en cuenta el factor humano.
Y ahora me encuentro en un centro psiquiátrico por presentar un cuadro grave de tendencias suicidas, con la mitad de mi cuerpo desfigurado como consecuencia de las brutales quemaduras y soportando la condena que es no saber si el animal que llevo dentro volverá a aparecer.
De todo lo sucedido en esta increíble experiencia he aprendido que en esta vida hay dos caminos para hacer las cosas: Yo elegí el camino difícil.
Francisco Javier Romero Ruiz.
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