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| 2056 | ||
patria y verdad Caminar en este barrizal de las afueras, como si fuera el centro de una nueva ciudad creada de la nada. Muchas habían surgido ahora en las antiguas zonas pantanosas. Retumbaba en mi mente esa frase - Yo soy un hijo de puta y duermo tranquilo-. Creo que después de todo nada había cambiado, quizás solo fuera superficie, esa misma frase la había escuchado 50 años antes, en un día cualquiera, de un amigo. Quizás ahora esa idea era una realidad más global, antes específica, como una evolución victoriosa.
(Tres naciones formando el mundo. Ya no existían superpotencias, ya eran tres mundo entrelazados, de una raza y mil colores. Naciones continentes) Jaob pensaba que aquel cambio evolutivos tan repentino, tan acelerado, era algo que tenía que llegar, pero al igual que al inicio del siglo XXI se había impuesto inesperadamente, de un soplo la TV plana, había pasado esto. Como una aceleración repentina, inesperada, prevista para veinte años después. Bebiendo después del trabajo en un bar como siempre ha sido, a través de los siglos, todo parecía igual. Las conversaciones cotidianas eran las mismas. La política casi desaparecida, el antropocentrismo en su mismo fulgor, la verdad casi olvidada. La verdad, un criterio tan desvirtuado como siempre, producto de la visión del poder, de la manipulación de las mentes, producto de las circunstancias, que como siempre hacían la verdad.
Cuando salimos del bar las luces nos ciegan, farolas de luz amarilla nos cuentan que estamos en la calle. Ya apenas hay tráfico. Andamos en busca de un taxi. No aparece y andamos, tranquilos, como si nada pudiera ocurrir. Una moto oscura como la noche, con dos tripulantes, apareció de la nada, repentina, cortando el aire, veloz, y al pasar, pegada a nosotros, le dieron a Valba el tirón, con la mala suerte que no pudo soltar el bolso, arrastró su hasta ahora bello rostro por el asfalto, dejando un rastro de sangre en la carretera, hasta que consiguió soltarse. |