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de Baikar Ultinos Transcribo esto desde mi laboratorio de nanotecnología en la Facultad de Psicología. Me encuentro sólo después de que todo el equipo de investigación se haya marchado a casa. Este escrito, que forma parte de nuestra bitácora en la investigación, verá mañana la luz en todos los medios de comunicación neural. Tras ser transcrito , pienso mandarlo a la agencia como nota de prensa. Tras su difusión, aparecerá en las mentes de todos los abonados de las cadenas de noticias más importantes del mundo. En esta década, nuestra prepotente civilización parecía haber acometido ya los últimos logros y fracasos de los que era capaz. Tras los últimos atentados masivos en Norteamérica, el crack energético de 2012, y el terrible accidente nuclear ocasionado por el declive tecnológico ruso, el mundo no cambió sustancialmente. No hubo cambio climático, se pudo frenar paulatinamente la contaminación, de modo que podemos decir que el nivel es el mismo que a principios de siglo. A mis 78 años he visto pasar al hombre de la Edad Media a la Edad Soma tras la revolución y declive de la nanotecnología. Esas pequeñas máquinas no nos hicieron inmortales aunque sean las culpables de que aún investigue a pie de campo en vez de comportarme como los antiguos catedráticos sentados en sus gastados sillones. Las máquinas entraron en nuestro cuerpo, limpiaron nuestras arterias, arreglaron fracturas y lesiones de todo tipo dirigidas por cirujanos en un principio y de manera automática después. Tras superar los problemas éticos, las nanomáquinas comenzaron a instalarse en nuestros atletas para mejorar su rendimiento. Hoy día el record de los 100m está en los 5,5 segundos. Gracias a esos logros, nuestros mayores, entre ellos mis padres, vencieron al cáncer y al Parkinson. Mi hermano recuperó completamente el oído tras ir quedándose sordo a causa de su profesión. Las farmacéuticas crearon estratégicas divisiones tecnológicas que desarrollaron las máquinas que transportarían los principios activos a las células y tejidos. Sin embargo sigue existiendo el tercer mundo, que según mi memoria vive hoy día como vivíamos a finales del siglo XX en occidente. Están más sanos, pero no llegan a los 90 años de vida. Si cuento esto es porque cuando mi departamento decidió dar el salto a las nuevas tecnologías aplicadas a los procesos psicobiológicos, ninguno de los que trabajábamos en estos laboratorios preveíamos el extraño camino que iban a llevar nuestras investigaciones. Todo se lo debemos a mi antecesora, la ya jubilada Dra. N.O.I. Las patentes de modelos de actuación e intervención en el cerebro humano convirtieron nuestra universidad en la más rica del mundo. El sistema, adoptado para la educación a distancia es usado por millones de personas en todo el mundo a través de todas las universidades especializadas en este tipo de educación. La universidad presencial ha quedado relegada a la docencia práctica in vivo, que sigue siendo muy necesaria para la evaluación del alumnado y profesorado. Pero creamos una herramienta que se tornó indispensable. Ya no existen medios de reproducción caseros más allá de la proyección neural de información. La transmisión y el almacenamiento tienen lugar directamente en nuestras propias redes neuronales o en implantes que amplían nuestra memoria. Que existan aún el teatro y los libros se debe en gran medida al afán de muchos de nosotros por conservar los viejos medios de memoria, que como los ordenadores personales, están en desuso. Pero aún nos quedaba un lugar al que llegar aún. Cuando hace dos años comenzó nuestra colaboración con la Facultad de Ciencias Físicas, no teníamos ni idea de lo que nos deparaba el futuro... y así llegamos hasta hoy mismo. El proyecto aunaba esfuerzos de nuestros laboratorios con los últimos adelantos en cuántica de los chicos de Físicas. Se dotó a nuestras instalaciones de la tecnología e infraestructura necesaria para realizar investigaciones. Como máximo responsable del proyecto, PROMETEO, me hice cargo de las hipótesis que pretendían refrendar nuestros colegas físicos. El experimento se ceñía a un sujeto experimental que llamaremos por sus siglas: E.A.P. Ante mi perplejidad ante este peculiar diseño de caso único, quise informarme de las condiciones de tal experimento y del sujeto en particular. La aparición en el proyecto del servicio de inteligencia en el asunto me obligó a dejar de preguntarme. E.A.P. es un hombre de mediana edad, seleccionado entre candidatos a agentes de inteligencia por sus peculiares características neurales. Si estuviéramos en el siglo XIX podríamos afirmar que E.A.P. es un sensitivo dotado de clarividencia y una capacidad innata a la telepatía sin necesidad de nuestra maquinaria. Sus registros neurales se salen de las gráficas y en el laboratorio de física en el que le hicieron el examen preliminar detectaron ciertas anomalías energéticas que intentarían dilucidar con nuestra ayuda. A fin de cuentas, nosotros somos punteros en psiconanotecnología. Tras la adaptación de infraestructuras, se procedió a la primera serie de pruebas del registro cerebral de E.A.P. Pude constatar sin duda que se salía de la paramétrica humana habitual incluída la modificada con implantes, nanomáquinas y mescalina. Nos encargaron la tarea de potenciar más aún si cabe la maquinaria biológica de E.A.P. Se le implantó memoria extra, y se le inyectaron nanomáquinas con carga de mescalina para la zona cortical prefrontal. Tras la modificación del sujeto, se procedió a registrar las mejoras del sistema. Si ya era de por sí de cualidades excepcionales, tras los implantes de memoria superó sus límites. Aún no se habían llevado a cabo pruebas con mescalina. Los responsables de inteligencia quisieron esperar a una persona que debía llegar de Japón en unos días. Mientras llegaba ese extraño personaje, nuestro equipo comenzó a probar la cámara de faraday adaptada en la que se llevarían a cabo los aportes de materia. El objetivo del proyecto PROMETEO en su primera fase era el de generar materia a través de la energía psíquica de un sujeto excepcional potenciado. Si bien todos los seres humanos a día de hoy desarrollan energía necesaria para la comunicación neural intersujeto, nosotros pretendíamos elevar a la enésima potencia esta capacidad gracias a los avances en física cuántica. La ciencia se había propuesto por aquella época dar el paso definitivo hacia el control de la materia y la energía. Buscaba crear el Constructor Universal de Von Neumann. Al parecer, las técnicas zen de Shigematsu eran la clave para la potenciación de E.A.P. Es muy probable que suenen descabelladas todas estas ideas y esfuerzos, pero la brecha abierta en la ciencia a causa de la nanotecnología y el redescubrimiento de los alucinógenos, nos colocaba en posición de dominar la materia a nivel subatómico gracias a la ayuda de la mente humana. Si ya habíamos conseguido transportar emoción a través de redes neurales, el siguiente paso era transportar la memoria de la materia, para poder materializarla en cualquier lugar, revolucionando así no sólo el transporte de ideas, sino el transporte de materiales y personas. ¿Para qué coger un transbordador para llegar a un lugar si guardando la configuración material de un objeto o persona puede descargarse como información y rehacerse de nuevo a partir de materia genérica en el nuevo destino? Esas eran las pretensiones de los equipos reunidos aquí. Toda esa amalgama de teorías y fuentes de información pretendían abordar el peligroso logro del transporte no material a grandes distancias. Se preparó la cámara para albergar al sujeto. Ante él se colocó un recipiente con plasma, un gas en el que los átomos se han fragmentado, que está formado por electrones negativos y por iones positivos, átomos que han perdido electrones y han quedado con una carga eléctrica positiva y que están moviéndose libremente. Conduce la electricidad y puede ser fuertemente influido por los campos magnéticos. El tubo de plasma estaba monitorizado para ver los cambios que realizaba el sujeto en él a través de su concentración. E.A.P. se colocaba en posición de loto y la cámara se cerraba. En las primeras sesiones se le dejó influir en el plasma de manera natural. Las nanomáquinas permanecieron inactivas con su carga de mescalina. Nuestra sorpresa fue ver cómo el plasma fue violentamente alterado por la meditación del sujeto tras las cuatro primeras horas. Era sorprendente. Los datos comparativos fueron recopilándose por los chicos de físicas mientras mi departamento preparaba los mapas de actuación de la mescalina para potenciar al máximo esos efectos en futuras sesiones. Nuestra participación en el proyecto se retrasó durante el verano limitándonos al registro de datos en el plasma. La razón fue que la noticia se filtró a través de algún medio, generando un conflicto mediático acerca de la ética del proyecto. De modo que en calidad de supervisor decidí esperar a que los correspondientes responsables políticos nos dieran los permisos necesarios. En Septiembre del 54 se dieron las condiciones apropiadas para el primer ensayo con las nanomáquinas y la mescalina. La introducción de este alcaloide, una droga visionaria de antiquísimo uso, nos había dado la clave en el pasado para revolucionar la comunicación. Su capacidad para potenciar las cualidades del cerebro eran las idóneas para este experimento de aporte material. Me encargué personalmente de supervisar la primera prueba de activación de las máquinas. E.A.P. llevaba ya una hora ante el plasma cuando se realizó la primera descarga en la corteza prefrontal. La inestabilidad conseguida en el tubo hasta entonces cambió de forma brutal el gas hasta comenzar a crear unas motas de un material indeterminado que comenzaron a caer en el fondo. Durante seis horas estuvieron generándose estas partículas hasta que los efectos de la droga fueron desapareciendo. Para disgusto de todos, la materia generada que tanto ansiábamos por analizar también desapareció tras el decremento de la actividad cortical de E.A.P. parecía imposible lograr esos efectos sin la ayuda de las nanomáquinas. Analicé con mi equipo los registros de neuroimagen del cerebro del sujeto experimental constatando cómo en la fase de activación de la droga, la corteza prefrontal disparaba su actividad. Analizamos también si el aumento de energía y temperatura en la zona volvía a sus constantes normales sin dejar algún daño. Pudimos ver cómo todo volvía a su normal funcionamiento tras el efecto de la mescalina. Aún así decidimos esperar varios meses antes de una segunda aplicación. Teníamos datos suficientes como para trabajar hasta una nueva prueba. Mis compañeros y yo nos encerramos para analizar los datos, los vídeos registrados en el tubo, y la paramétrica del sujeto en cada fase del experimento. Queríamos asegurarnos de que no tendría repercusiones negativas en un sujeto tan sensible. En mayo del 55 conseguimos generar materia estable en el tubo, y que las nanomáquinas recordaran su configuración para generarla de manera idéntica en otro tubo situado al lado. Comprobábamos una y otra vez para estar seguros de que se generaba exactamente lo mismo en uno y otro. De modo que ya sabíamos como cargar una información determinada en un cerebro para generar determinados materiales. Nuestros compañeros de físicas prepararon un plasma genérico que podía convertirse en cualquier material. Y gracias a las maquinas, E.A.P. comenzó a materializar objetos de un lado a otro de la cámara casi instantáneamente. Todos estábamos fascinados, en especial el maestro Shigematsu. El primer objeto en ser teletransportado fue una pieza de plástico a la que siguieron objetos cada vez más complejos. La prueba de fuego llegó cuando la capacidad de recopilar datos nos permitió hacer el primer experimento con un ser vivo. Los primeros intentos con insectos fueron un fracaso, ya que si bien el cuerpo del insecto se trasladaba en el mismo estado físico, este lo hacía sin vida. La energía que pudiera procesar E.A.P no era la suficiente. Y la clave para solucionarlo fue incorporar a Shigematsu al proceso a principio de este año. Descartando la posibilidad de potenciar al viejo maestro, su mera permanencia en la cámara posibilitó el aumento de energía que necesitábamos. Así fue como una mosca de la fruta fue el primer ser vivo que sobrevivió a un teletransporte como aquel que imaginaron antaño los creadores de ciencia ficción. A estos experimentos a principio de año le han seguido otros con animales más complejos como ratas y palomas. En todos los casos hemos tenido éxito si bien la memoria para llevar a cabo transportes de materia más compleja debe ser reforzada. Creo que estamos capacitados para abordar el estudio de este fenómeno con animales con un nivel de conciencia superior que nos permita obtener datos aplicables a humanos.
----- Soy consciente de las enormes expectativas que pueden generar estos éxitos en la población, sin embargo hemos de ser cautos, ya que la reaparición del objeto se realiza aún a escasos dos metros de distancia y podemos observar como a mayor distancia comienzan a generarse problemas que causan la muerte a los animales. La última barrera que nos quedaba por salvar está a punto de ser derruida. Hago un llamamiento a los poderes políticos, civiles, comerciales y militares que verán un mundo de posibilidades en estas técnicas para que sean responsables en su desarrollo y posterior utilización. Como en el mito, el proyecto PROMETEO entrega a los hombres el esbozo de un poder que les equipararía a los dioses de la antigüedad, los creadores de vida y materia de la nada sólo a partir de la energía. Seamos valientes pero prudentes ya que el mundo podría sufrir las consecuencias si insensatos como los que comenzaron gobernando este siglo XXI volvieran a hacerse cargo de administrar estos conocimientos. Seamos pues responsables.
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